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Un clásico lugar de encuentro para los sanmartinenses. Una parada imperdible para cualquier visitante. Cálido refugio en los días fríos, donde se encuentra abrigo en el paisaje, la hospitalidad y las delicias que llegan a cada mesa. Una cita agradable, incluso en los días de sol, esos que invitan a hacer caminatas y coronarlas con un mimo al paladar en un marco paradisíaco.
Convertida en un emblema de San Martín de los Andes, la coqueta cafetería-restaurante Vieja Deli guarda para muchos una historia insospechada. Nació como un pequeño kiosco en el año 1963 de la mano de Delicia Torres, una mujer de carácter fuerte que a los 30 años ideó un pequeño despacho para ganarse la vida.
"Esto empieza en el año 69' con mi abuela, que nació en San Martín de los Andes en el año 33, creo que sus abuelos habían llegado en 1905", calculó Pablo Domínguez, quien hoy se encuentra al frente del proyecto familiar junto a su pareja, Mariana López Plez, y sus hijos.
"Ella arrancó en una casita que estaba justo al frente de Deli. Ahora ahí hay un terreno baldío y unos juegos. Era todo bastante precario. Tenía la bebida en un pozo para que se mantuviera fresca. El fiambre lo guardaba en una fiambrera con mosquitero. Vendía incluso combustible", describió para luego contar que en ese mismo año, Deli pudo convertirse dueña del lugar, después de que el anterior propietario se lo vendiera a bajo precio, algo impensado en los tiempos que corren.
"En ese entonces era otra historia, había que hacer patria, ahí frente al lago", remarcó. Vaya si su abuela lo hizo. Eran otras épocas, con menos comodidades, comunicaciones; hacerse de un futuro siendo madre soltera en un pueblo cordillerano de la Patagonia no era fácil. Deli lo hizo. Con su trato cordial, se hizo conocida en la localidad, quedando la abreviatura de su nombre como marca registrada de su negocio.
"En un momento el kiosquito llegó a tener televisor, unas garrafas con pantalla o estufas a kerosene para calefaccionar; y más tarde, tres o cuatro mesas donde te podías tomar un café con leche con medialunas. Los chicos de la Universidad del Comahue -que eran pocos, no como hoy- se juntaban ahí. Mi abuela les hacía sándwiches. Como era económico y rico, se quedaban viendo la tele o la transmisión de los partidos de fútbol. Algunos le pedían si podía hacerle un sandwichito más barato, entonces un día mi abuela le sacó el jamón al que hacía también con queso, lechuga y tomate y quedó así. Ellos lo bautizaron 'El vegetariano', aunque en ese entonces no estaba extendida esa movida", señaló entre risas, Pablo, destacando que la propuesta sigue siendo parte de la amplia carta de Vieja Deli.
El kiosquito/confitería de Delicia continuó funcionando hasta 1989. Ese año su dueña cerró las puertas con la mirada puesta en un proyecto más importante, para aprovechar la posibilidad de tomar una concesión otorgada por el Municipio en el espacio ubicado justo al frente de su negocio. Reunió a su familia y le pidió que la acompañaran. Si 16 años atrás el amor maternal había llevado a la hija de Deli a regresar -de La Plata- al terruño, junto a su pareja y sus dos hijos; la convocatoria en el umbral de los 90' hizo que sus nietos -Pablo y su hermano mayor, Marcelo-dejaran sus estudios en la ciudad de las diagonales - donde se habían instalado hacía dos años atrás- para sumarse al emprendimiento familiar.
"Yo justo estaba cursando mi segundo año de abogacía", contextualizó Pablo antes de mostrarse conforme de su decisión. "A mí me estaba yendo bien en la universidad pero no me gustaba, así que fue acertado volver. En verdad tendría que haber estudiado arquitectura, pero nunca lo hice...", reflexionó. "Pero menos mal que dejé abogacía, no me veo como abogado. Yo vine muy entusiasmado", enfatizó orgulloso del crecimiento de la empresa familiar que hoy da trabajo a un nutrido grupo de personas.
La vivienda que había funcionado como kiosco y confitería, con el tiempo se convirtió en una plazoleta. Deli creció y se mantiene vigente "gracias a la constancia, esfuerzo y trabajo", de su creadora y sus descendientes.
En 2013, Delicia se retiró. Pablo y su pareja tomaron la posta y, además de reemplazar la marca por Vieja Deli, emprendieron un proceso de ampliación y renovación arquitectónica. También dejaron de tercerizar la gastronomía para apostar por sus propias elaboraciones. Eso implicó un salto cualitativo. Es que el marco privilegiado que ofrece el resto-bar, se potencia con sus exquisitos y abundantes platos, entre los que se destacan la hamburguesa de la casa o las enormes medialunas que llegan tibias a la mesa y que con solo verlas a todos se les hace agua la boca.
"Antes -por ejemplo- comprábamos el pan y hacíamos los sándwiches. Hoy hacemos el pan, las medialunas, el yogurt, todo", destacó Pablo. "Le metimos mucho a la panificación. Compramos maquinaria, contratamos un panadero y un pastelero y comenzamos a probar. Con el tema de la medialuna estuve literalmente un año hasta que encontré una receta que me gustara. Fue todo un proceso", recalcó.
"Los croissants han pegado mucho, junto a los desayunos y las meriendas. Eso es importante para nosotros porque tenemos gente y la cocina funcionando durante todo el día. Muchas veces nos quedamos sin medialunas porque nos lleva entre dos y tres días la producción. Nosotros hacemos el verdadero croissant francés, que lleva su tiempo. Utilizamos materia prima de calidad, tenemos que dejar reposar la masa, conlleva un procedimiento complejo", explicó.
"Siempre fuimos cambiando el menú, tratando de mantener lo que más salía, como la milanesa a la napolitana o la hamburguesa Vieja Deli que se hace con pan brioche, que elaboramos nosotros. Viene acompañada con papas fritas. Le ponemos tomate, lechuga, cebolla, morrón, queso, huevo frito y panceta", detalló, para luego subrayar que la carta es muy variada ya que cuenta con opciones para cualquier hora del día.
En cuanto a los cambios en la fisonomía del lugar, Pablo precisó: "En el año 89' se hizo la parte del medio, que no es igual a la parte del medio que está ahora. Se arrancó con la mitad del salón de adelante y una cocinita más chica. Los baños estaban afuera. Luego se sumó el salón que conduce a donde ahora están los baños; y más tarde se incorporó el ala vidriada que está a la derecha. Hace ocho años cuando con mi pareja lo agarramos, pusimos la cocina a la vista, agrandamos el salón del medio y cambiamos las ventanas con divisiones de madera por ventanales, para que no se pierda vista al lago", puntualizó.
"Siempre pensamos en una gastronomía familiar. Afortunadamente, además de los turistas, tenemos muchos clientes de San Martín, así que trabajamos todo el año. Muchas veces me decían que ponga cerveza a la noche, pero preferimos mantenerlo así", manifestó Pablo defendiendo la impronta del espacio.
Aunque sostener el emprendimiento implicó hacer sacrificios y esfuerzos para encontrar el equilibrio entre el negocio y la armonía familiar, Pablo está conforme con el camino recorrido y ya con Tomás, su hijo mayor, inmerso en el proyecto, espera que Vieja Deli continúe haciendo historia en San Martín. "La idea es siempre ir mejorando todo. Me gustaría que alguno de mis hijos siga con el proyecto, pero eso no depende de mí. Es solo un deseo", postuló con cautela.