Un arquero que estaba a punto de ser vendido al Milan fue condenado por el femicidio, estuvo preso y ahora regresó a las canchas.
En Brasil hay una historia escalofriante que involucra violencia de género, fútbol y un arquero femicida. Bruno Fernandes de Souza, condenado por planificar el asesinato de su exnovia Eliza Samudio en 2010, ha regresado a las canchas con una nueva camiseta.
A sus 41 años y con 1,90 metros de estatura, el guardameta ya disputó su primer partido oficial con el Vasco da Gama-AC en la Copa de Brasil, donde su equipo cayó eliminado en tanda de penaltis ante Velo Clube.
El equipo se llama parecido al que juega en el Brasileirao, pero se trata de uno del fútbol de ascenso, en el Estado de Acré.
En 2010, cuando brillaba como capitán del Flamengo, el arquero era convocado a la selección brasileña y sonaba como futuro refuerzo del Milan.
Entonces, Bruno ordenó asesinar a Eliza Samudio, madre de su hijo, cansado de los reclamos por la manutención. La investigación reveló que la joven de 25 años fue torturada, estrangulada por sicarios y que su cuerpo fue descuartizado para posteriormente ser arrojado como alimento a los rottweilers del futbolista.
Un dato escalofriante destaca en el expediente: fue su propio primo, entonces menor de edad, quien delató al portero tras ser testigo de los hechos, lo que llevó a Bruno a confesar su participación en el crimen.
Otras siete personas sufrieron condenas luego de finalizada la investigación.
Pese a ser sentenciado a 22 años de prisión por asesinato, ocultación de cadáver y secuestro, Bruno cumplió apenas seis años y siete meses tras las rejas, obteniendo su liberación en 2017, luego de pedir la libertad condicional.
Desde entonces, ha encontrado oportunidades en distintos clubes, generando un intenso debate sobre la ética en el fútbol brasileño.
Tras su primera salida de prisión, fichó por el Boa Esporte de segunda división, donde disputó cinco encuentros antes de regresar a la cárcel por causas relacionadas con el caso. En 2019 obtuvo arresto domiciliario parcial y volvió a jugar, esta vez en el Poços de Caldas FC.
En su debut con la nueva camiseta del Vasco, el veterano portero detuvo los penaltis de Lucas Mingoti y Rodrigo Oliveira, aunque no pudo evitar la eliminación de su equipo en la Copa de Brasil.
El arquero, lejos de mostrar arrepentimiento, ha minimizado su crimen en reiteradas ocasiones. En su primera entrevista tras fichar por Boa Esporte en 2017, declaró: "Amigo, lo que pasó, pasó. Cometí un error, uno grave, pero en la vida se cometen errores; no soy mala persona". Y añadió: "Intentaron enterrar mi sueño por un error, pero le pedí perdón a Dios, así que sigo con mi carrera, amigo. Estoy empezando de nuevo".
Estas palabras fueron consideradas por organizaciones de derechos humanos como una muestra de la falta de sensibilidad del sistema judicial y deportivo brasileño frente a la violencia de género.
Llama poderosamente la atención que el Vasco da Gama-AC haya incorporado a Bruno Fernandes en una plantilla donde ya militan tres futbolistas que fueron acusados de violación grupal en la sede del club, lo que ha encendido las alarmas sobre los criterios de contratación de la institución.
Además, hubo un polémico apoyo de los jugadores del Vasco a tres futbolistas denunciados. Sus compañeros posaron para la foto oficial luciendo las camisetas de Lekinho, Serpa y Brian.