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Falleció Oscar Schmidt, la leyenda del básquet que le dijo "no" a la NBA

El histórico alero dejó una huella imborrable en el deporte con una carrera marcada por récords, vigencia y una identificación absoluta con su selección.

El básquet mundial está de luto. Oscar Schmidt, una de las máximas leyendas del deporte, murió a los 68 años tras una larga lucha contra un tumor cerebral. La noticia fue confirmada en las últimas horas y generó un fuerte impacto no solo en Brasil, sino también en todo el ambiente deportivo internacional.

El exjugador había sido trasladado de urgencia a un hospital en estado crítico, donde finalmente falleció. Su familia comunicó que atravesó más de 15 años de tratamiento con una fortaleza admirable y decidió que la despedida se realizará en un ámbito íntimo. La Confederación Brasileña de Básquetbol, por su parte, también lo despidió con un mensaje que reflejó la magnitud de su figura dentro del deporte.

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Schmidt no fue un jugador más. Fue un símbolo. Un nombre que trascendió generaciones y que se convirtió en referencia obligada cada vez que se habla de los grandes del básquet. Su impacto fue tal que incluso figuras de la NBA lo reconocieron como una influencia directa, pese a que nunca jugó en la liga estadounidense.

El legado de “Mano Santa”, una leyenda irrepetible

Nacido en Natal en 1958, Schmidt construyó una carrera que lo posicionó entre los mejores de la historia. Apodado “Mano Santa” por su precisión, acumuló cerca de 50 mil puntos entre clubes y selección, una cifra que lo mantuvo durante años como el máximo anotador a nivel mundial.

Su marca más emblemática sigue vigente: es el máximo goleador en la historia de los Juegos Olímpicos, con más de mil puntos en cinco participaciones consecutivas entre 1980 y 1996. En ese recorrido dejó actuaciones que quedaron en la memoria, como los 55 puntos ante España en Seúl 1988, un récord que aún no fue superado.

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A lo largo de su carrera pasó por Brasil, Italia y España, con títulos importantes como la Copa Intercontinental de 1979. Sin embargo, una de las decisiones que más definió su camino fue rechazar la NBA para seguir jugando con la selección brasileña, priorizando la representación de su país por sobre el salto a la liga más importante del mundo.

Su legado no se explica solo en números. Schmidt fue un referente dentro y fuera de la cancha, un jugador que marcó una época y que dejó una huella imborrable en el básquet. Su muerte cierra una etapa, pero su nombre seguirá siendo sinónimo de grandeza en la historia del deporte.

Meses atrás: el fallecimiento de un pionero del básquet argentino

En diciembre de 2025, a los 72 años, falleció Norton Barnhill, el primer extranjero en vestir la camiseta de Atenas de Córdoba, quien dejó una huella imborrable en el básquet argentino por su aporte deportivo y por haber sido una figura clave en los inicios de la Liga Nacional.

El exbase de 1,93 metros fue una pieza fundamental en la historia del club cordobés, al que llegó por primera vez en 1980, cuando Atenas aún competía en la Asociación Cordobesa de Básquet, convirtiéndose en un nombre propio dentro del crecimiento del básquet nacional.

Formado en la Universidad Estatal de Washington, donde jugó para los Cougars, Barnhill fue seleccionado en el puesto 134 del Draft de la NBA de 1976 por los Seattle SuperSonics, franquicia con la que disputó cuatro partidos oficiales, registrando 4 puntos y 3 rebotes. Posteriormente tuvo un breve paso por los New Jersey Nets, aunque fue cortado antes del inicio de la temporada.

Su carrera continuó en ligas alternativas de Estados Unidos, como la CBA, la Western Basketball Association y la AABA, donde se destacó como uno de los principales anotadores. Tras sufrir una lesión en la espalda, encontró en Argentina un nuevo impulso para su trayectoria profesional.

En su primera etapa en Atenas, Barnhill marcó un precedente histórico. Luego pasó por Obras Sanitarias, donde fue campeón de la Copa Renato Williams Jones, y más tarde regresó al conjunto de barrio General Bustos para disputar la primera edición de la Liga Nacional de Básquet en 1985. Allí conformó una recordada dupla con Donald Jones y promedió 22,4 puntos en 56 partidos, cifras que lo consolidaron como uno de los extranjeros más influyentes de aquellos años.

Alejado de la competencia profesional, Barnhill se volcó de lleno al arte. Años atrás confesó que se dedicaba a la pintura y que soñaba con regresar a la Argentina para enseñar sus cuadros. Su legado permanece vivo en la memoria del básquet argentino y, especialmente, en la historia grande de Atenas de Córdoba.

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