Dueño de una historia de película y una vida complicada, el ex futbolista falleció en las últimas horas a los 70 años.
Jugó en Boca, River y mandó a la B a San Lorenzo. Su carrera fue corta pero muy intensa y vivió de todo. El fútbol argentino despide a una de sus figuras más talentosas y contradictorias de las décadas de 1970 y 1980. A los 80 años, falleció Carlos "El Loco" Salinas, el habilidoso mediocampista tucumano que supo tocar el cielo con las manos con las camisetas de los clubes más grandes del país, pero cuya carrera y vida personal estuvieron marcadas a fuego por la rebeldía, los excesos y los escándalos judiciales.
Nacido en San Miguel de Tucumán, Salinas irrumpió con fuerza por su desfachatez y precisión técnica. Su punto más alto de gloria deportiva lo alcanzó en Boca, integrando el histórico equipo dirigido por Juan Carlos "El Toto" Lorenzo.
En 1978, fue una de las piezas fundamentales para la consagración xeneize en la Copa Intercontinental ante el Borussia Mönchengladbach: en el partido de vuelta en Alemania, convirtió un gol clave para la victoria 3-0 que le dio al club de La Ribera su primer título del mundo.
Sin embargo, su carrera fue tan vertiginosa como polémica. Salinas tuvo la particularidad de vestir también la camiseta de River Plate, además de pasar por Chacarita, Independiente y Sarmiento de Junín. Fue justamente con la camiseta del equipo de Junín que protagonizó uno de los episodios más recordados del fútbol local: en 1981, anotó el gol de la victoria 2-1 que sentenció el histórico descenso de San Lorenzo de Almagro a la Primera B, un hecho inédito para uno de los grandes de la Argentina.
Su temperamento también tuvo consecuencias deportivas. En noviembre de 1978, durante un partido ante Huracán, agredió al árbitro Abel Gnecco después de recibir una expulsión. La Asociación del Fútbol Argentino le aplicó una suspensión de 25 fechas.
A pesar de su innegable talento sobre el césped, las adicciones y las indisciplinas condicionaron su trayectoria. Tras su retiro del fútbol profesional, la vida del tucumano se desbarrancó fuera de las canchas: en la década del '90 se vio involucrado en causas judiciales vinculadas al narcotráfico y terminó preso por tenencia y tráfico de drogas, una condena que pagó en prisión antes de alejarse definitivamente del foco público.
Víctima de sus propios excesos y de una salud maltrecha en sus últimos años, la noticia de su partida provocó un profundo dolor en Boca y en todo el ambiente futbolero, que recuerda a "El Loco" Salinas como una leyenda indomable que dejó una huella imborrable dentro de la cancha.
Gimnasia y Esgrima de Jujuy: Institución en la que dio sus primeros pasos como juvenil dentro del fútbol de Primera.
River (1974-1975): Hizo su debut en Primera División y formó parte del plantel que cortó la histórica racha de 18 años sin coronaciones locales.
Chacarita (1976-1977): Mantuvo un destacado rendimiento individual que llamó la atención de los clubes grandes.
Boca (1978-1980): Su etapa de consagración. Se coronó campeón de la Copa Libertadores 1978 y de la Copa Intercontinental, marcando un gol decisivo ante el Borussia Mönchengladbach en Alemania.
Argentinos Juniors (1981): Arribó al club de La Paternal como parte de pago de la transferencia de Diego Maradona a Boca. En este ciclo convirtió el célebre gol que evitó el descenso del "Bicho" y provocó la caída de San Lorenzo a la B.
Independiente (1981-1982): Su último paso por una de las instituciones grandes del país.
Racing de Córdoba y Alumni de Villa María: Equipos en los que cerró su carrera futbolística tras su regreso al ámbito nacional.