Neuquén > Darío Arcas es uno de los referentes indiscutidos de la música electrónica en la zona. Pionero en el asunto de las también llamadas “rave” desde la década del ’90, como DJ y organizador, se ha ocupado de expandir en cada rincón esta música que hoy moviliza un ejército de jóvenes ávidos de divertimento. “La primera fiesta que se hizo en Neuquén fue en 1993 con Technology Night Mix y fue antes de que se hiciera la primera fiesta en Buenos Aires, que se llamó ‘Energy” y se realizó en la Costanera. Esto fue en Olascoaga y La Quiaca, donde concurrieron 2 mil personas. Los encargados de pasar música fueron Garganta, Luis Iomi y yo. Al año siguiente en ese mismo lugar se hizo Apocalypsis y duplicó la cifra de personas”, recordó Arcas, quien se interesó en tema cuando aún se desconocía.
Sin dudarlo y con sabio conocimiento del tema, Arcas asegura que esas fiestas fueron las primeras al aire libre en el país, teniendo en cuenta que en Buenos Aires nunca tuvo –en esa época- conocimiento de observar bailar tanta gente al aire libre en sus continuas visitas. “En 1995 la primera fiesta al aire libre en Buenos Aires fue en la Costanera donde hoy funciona ‘Pacha’. Y en 1999, recién se hizo la primera Creamfield que se concretó en el Hipódromo de Palermo. Fue la primera en toda Sudamérica. Gonstan dejó de hacer los Best Dance Tour, que fue la primera gira electrónica que existió en el país, y compró la licencia de Creamfield para hacerla en Argentina”, dijo Arcas.
Para el DJ neuquino la movida electrónica en la ciudad comenzó ya hace mucho. Uno de los primeros boliches en dar las primeras señales de lo que se venía fue Mirror, que en enero del ’90 inauguró su local ubicado en Buenos Aires e Independencia.
“Garganta fue el primero que trajo el Hip House. Pero aún los boliches no eran netamente de música electrónica. Sin embargo, en Mirror el 80% sí”, aseguró Arcas.
Temáticas
La falta de espacio e infraestructura para organizar los eventos –una historia vieja de nunca acabar que también sufren las bandas de rock- hicieron que Arcas comenzara a crear fiestas temáticas que se hicieron en diferentes locales bailables como La Viga, Zeppellin, para luego saltar a la búsquedas de salones. “En el ’93 comencé a moverme para hacer noches especiales. En las primeras fiestas la mayoría del público era gay y otro tipo de gente que para ese tiempo era rara. Pero en el ’98 y ’99 los lugares ya eran visitados por unas 500 ó 600 personas. Estas fiestas eran totalmente independientes y todo salía del bolsillo de uno”.
Actualmente los espectáculos de gran magnitud se promocionan mediante afiches inmensos en la calle y avisos publicitarios en medios. Esta modalidad antes no existía y el boca a boca y el reparto de tarjetas a determinado sector era la mejor manera para arrastrar público. “En esa época el mail no era algo masivo. Por eso tarjeteábamos en la calle, en bares o llamábamos por teléfono. No existía ni promotora ni nada. Era todo a pulmón”, manifestó el DJ neuquino.
De acuerdo a lo vivido por Arcas, tras la convocatoria que hacía Dero en Parque Sarmiento al aire libre, el resto de las provincia como Mendoza, Córdoba, Rosario, Misiones y Neuquén se despertaron y se dieron cuenta de que no se necesitaba tener discoteca para llevar adelante esa especie de Creamfield locales.”La primera fiesta grande se hizo en el 2004 en un club hípico que fue organizada por Kike Cerda, Juan de Dios y Argüello. Luego comienza la masificación con eventos en predios como el Neuquén Rugby Club con unas 4 mil personas y los boliches como Kimika y Ticket se ponen a traer DJs de afuera. Pero los primeros en rompernos el ‘culo’ fuimos nosotros sin tener una estructura monetaria”, concluyó.
Único
Darío Arcas es el único DJ de la Patagonia en participar en la Creamfield de 2005, donde acudieron más de 40 mil personas. “La Creamfield argentina tiene un gran nivel. A mí me trataron como si fuera un DJ más de los ‘grosos’, con un propio camarín y con un auto que te trasladaba al lugar donde ibas a tocar”, manifestó Arcas. Y agregó “Toqué a las cinco menos cuarto de la tarde. Y a pesar de ser un ‘don nadie’ me trataron como un artista de primera línea”.
Respecto del variado público que existe en este tipo de reuniones, para el DJ que pase este fenómeno fue lo mejor que pudo pasar. “Lo bueno que tuvo está movida es que acarreó gente de 16 a 50 años, fue la primera vez en la historia que todos estuvieron en un mismo lugar y nadie les rompió las pelotas. Creo que este tipo de fiesta lo que hizo fue unificar generaciones todas bailando una al lado de la otra. Si bien hoy está súper glamoroso vas a locales y te encontrás con esa mezcla de gente. Esta música la disfruta un ‘pendejo’ de 15 y gente de treinta y pico de años”.
Hablar hoy en día de música electrónica equivale casi a hablar de música. Pocos son los trabajos de cualquier propuesta musical actual en el que no aparezca ningún sonido generado electrónicamente. Desde mi vivencia puedo contar que desde mi debut como DJ a principios del 86 se solía pinchar un fragmento de música electrónica sobre el final de la noche en las discotecas, algunos DJs adoptaron este estilo como preferido y como entre el público tuvo sus adeptos se hermanaron comunidades, que crearon sus propios ambientes y espacios como las llamadas fiestas underground, alquilando salones o espacios abiertos. Entrando el año 98 esto se hizo un poco más popular y a tener apoyo comercial.
El boom en la Argentina en esos años contagió a bares en el Río Grande neuquino que comenzaron a contratar DJs, mientras que las discotecas de la región empezaron a organizar noches de fiestas electrónicas. En ese marco surgió en 2002 la disco Rita, que dio el puntapié inicial a una propuesta netamente electrónica en la que yo residía y que “importó” DJs de Buenos Aires de renombre como Carlos Alfonsín, Buey y Mina.
Hoy por hoy se puede decir que en Neuquén, al igual que en el resto del país, el efecto post Cromagnon dejó sus marcas en referencia al circuito habitual de la escena dance, pero no aplacó las ansias del público de seguir bailando. Pese al cierre de la mayoría de los locales bailables, productores independientes y DJs supieron mantener encendida la llama de la música electrónica a través de diversos eventos realizados en diferentes, puntos de la ciudad, tal es el caso del tan esperado “Dance Park” organizado por Soma producciones el 16 de diciembre, en el cual participé del line up junto a Tommy Jacobs, Ro-k, Garganta y Nick CT (Francia). Actualmente algunos bares contratan a DJs locales para sus fines de semana, como así también discotecas como One proponen rotación de DJs locales y convocatoria esporádica de DJs de Capital. Así que podemos concluir diciendo que la escena está viva y en evolución. Me siento representado por la escena, al ser parte de ella desde hace ya varios años, al apostar a producir eventos, conducir programas radiales, residir en diferentes discotecas y ser convocado para distintas fiestas. Musicalmente he encontrado mi camino diferenciándome del resto de los demás colegas del circuito a través de la corriente electro y techno desde mediados del año 2000. A la hora de hacer un set, trato de usar nuevas ediciones e incursionar en la búsqueda de nuevas tendencias sonoras dentro del género, pero nunca dejo de chequear algún clásico de DJ Hell , Anthony Rother o John Dahlback.