Le costó terminar el secundario y conseguir un empleo en blanco. Para salir a la calle, debía esconderse en una apretada faja. Eso cambió el 23 de octubre pasado, cuando los cirujanos del hospital le dieron la imagen que él siempre vio en el espejo.
Un mes antes de operarse, contó su experiencia a LM Neuquén en una nota que tuvo fuerte repercusión. Hoy, a la distancia, afirma sin dudar: "Fue un golazo lo del diario".
Indicó que, tras la noticia y la gran repercusión que tuvo, le llovieron mensajes por la red social Facebook.
Los escribían otros varones trans que ahora querían hacer lo mismo que él se había animado a concretar.
Para él, la difusión era importante para que su transformación personal sirviera a una lucha colectiva, que excediera su propio caso personal.
Benjamín contó cómo era su sensación de incertidumbre antes de animarse a dar el paso trascendental. "Cuando comencé con esta decisión, no entendía nada, no sabía nada, no conocía a nadie; entonces, me hice la promesa de ayudar en lo que pudiera a los demás", expresó.
Pareciera ser que su ejemplo infundió ánimos a otros que ahora esperan para poder sentirse plenos. El Castro Rendón tiene una lista de espera de jóvenes trans que supieron qué puertas golpear gracias a él. El próximo turno es el de Joaco, su mejor amigo.
El día que operaron a Benjamín, su hija mayor cumplía 15 años. Sabía que su papá no iba a poder organizar un festejo, pero igual estaba feliz. Ahora, disfrutan en familia de una vida más cómoda en todos los sentidos.
"Ya estoy ultramorocho de tanto andar en musculosa y no lo puedo evitar; si bien todavía no puedo estar expuesto al sol por la cirugía, estoy disfrutando de mi primer verano libre en 30 años", comentó sonriente.
En los brindis de fin de año, dijo, doblará la apuesta y pedirá algo que pocos varones trans logran: un trabajo estable.