Sofía Sandoval
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Neuquén.- Además de los lazos de hermandad, a Lisi Chandía y Victoria Olmedo las une un idéntico amor por los animales que se les imprime en la piel como una compasión avasallante. Ese cariño las llevó a formar una pequeña manada casera con los animales que nadie quería adoptar y a generar un novedoso emprendimiento para mantenerlos y ayudar a otros en la misma situación.
Ingresar a las viviendas de las hermanas, en la toma La Familia de Neuquén, es entrar a un mundo de fraternidad animal. Seis perros, un gato y un conejo conviven en un pequeño patio común como una verdadera familia, gobernada por la atenta mirada de sus dueñas, que siempre hacen foco en la necesidad de cada uno.
Para sostener los gastos de cuidado y alimentación, y con el objetivo de ayudar también a otros perros abandonados, Lisi y Victoria comenzaron un emprendimiento de colchonetas y chalecos para mascotas, que venden a precios módicos para recaudar fondos. El dinero que sobra paga cuentas de los veterinarios que atienden a perritos atropellados y cubre las vacunas de aquellos vecinos que no las pueden pagar.
En la mesa del comedor, una colorida variedad de carretes de hilos descansa al lado de telas con lúdicos estampados de motivos caninos. Lisi, Victoria y su mamá se turnan para usar dos máquinas de coser y terminar cuanto antes los pedidos que no paran de llegar. Después, Lisi entrega los productos en el gimnasio donde trabaja y su hermana hace lo propio en un colegio cercano, donde es preceptora.
Para las dos hermanas, de 36 y 25 años, la vida es una sucesión agitada de actividades que involucran sus trabajos, sus estudios universitarios y el cuidado de los ocho animalitos que rescataron y que fueron rechazados por los adoptantes por sus problemas de salud.
“El primero en llegar fue Pancho”, dice Victoria mientras señala a un perrito anciano y ciego. El animal apoya una parte del lomo desprovista de pelo en una de las colchonetas hechas en casa, mientras ladra para explicar que su olfato ya detectó a unos extraños que no puede ver.
Después de Pancho llegaron otros: una vieja perrita sin dientes, una gata con la pelvis quebrada y un bellísimo perro oscuro que nadie quiere porque padece una diarrea crónica. Más tarde aparecieron Suka, con su actitud agresiva que no le permite sociabilizar; Tomi, que llegó con el lomo en carne viva por una quemadura de agua caliente, y Quiso, un perrito enérgico que no logra contener la orina.
Como nadie llegó a compadecerse con sus miradas puras, Lisi y Victoria los recibieron en su hogar y aprovechan sus conocimientos de corte y confección para comprar 100 kilos de alimento por mes y pagar costosas facturas del veterinario.
“Nada de lo que ingresa es para nosotras; les destinamos todo a ellos y, si sobra, lo donamos a otros proteccionistas”, explicó Victoria.
Entre la costura, las entregas y los cuidados que requieren, se hace imposible sumar la cantidad de horas que ambas dedican a sus animales. Su único motor es un amor incondicional que las traspasa y se enfoca en esos pequeños seres que las necesitan para sobrevivir.
Para colaborar, se pueden hacer pedidos a la página de Facebook “Chalecos y Colchonetas”.
5000 pesos mensuales deben invertir en alimento para todas sus mascotas.
A esa cantidad de dinero hay que sumarle el costo de las vacunas y los gastos de veterinario, que suman otros miles de pesos que destinan a las mascotas.
Estos gastos se financian con la venta de colchonetas y chalecos.
“Cuando los paseamos a todos juntos con correa, hay una hembra que siempre va adelante y no deja que nadie la pase”. Lisi Chandía
“A veces tenemos que pedirles paciencia a los clientes porque no llegamos a terminar todas las colchonetas”. Victoria Olmedo
Un emprendimiento familiar
Convivir con Lisi o con Victoria es vivir, también, con su pequeña manada de animales. Por eso, su mamá, su hermano y hasta la hija de Victoria se suman a la cruzada y colaboran con lo que pueden.
La mamá de las chicas ya aprendió a colocar los broches que unen a las colchonetas, mientras que su nieta dedica sus ratos libres a llenar los platos de alimento o servir agua. “No limpies ni me ayudes en nada, sólo ayudalos a los perros”, dice Victoria que le pide a su hija. El hermano de las chicas ya se ofreció para sumarse al emprendimiento. Por eso dedica sus sábados de franco a entregar pedidos a domicilio para todos aquellos interesados en colaborar y que viven lejos de la toma La Familia.