Buenos Aires
Nombre clave para comprender la literatura argentina contemporánea, Ricardo Piglia falleció ayer a causa de las complicaciones derivadas de la esclerosis lateral amiotrófica que sufría desde hacía dos años.
Nacido en Adrogué en 1942, estudió historia porque decía que la carrera le podía sacar el amor por la literatura, que traía desde chico. Sin embargo, con el tiempo, llegó a la Universidad de Letras como profesor y dictó algunos cursos míticos en los años de la vuelta de la democracia. También enseñó literatura latinoamericana en Princeton, Estados Unidos.
Su primer libro fue La invasión, un conjunto de cuentos que se publicó en la mítica editorial Jorge Álvarez, puntal de las editoriales independientes y de culto de los años sesenta. Luego vendría Nombre falso y, en 1980, Respiración artificial, novela metaliteraria que causó un terremoto en la tradición argentina.
Fue también un ensayista fino y sofisticado. De sus libros de crítica y pensamiento se pueden mencionar Crítica y ficción, Formas breves y El último lector.
Diario íntimo
El proyecto más importante de su vida –decía él– eran los diarios personales, que se empezaron a publicar hace dos años y de los que ya salieron los dos primeros tomos, bajo el título de Los diarios de Emilio Renzi, en referencia al alter ego que habita muchos de sus textos más conocidos. La obra está dividida en tres volúmenes: Años de formación, Los años felices y Un día en la vida. Para septiembre de este año se espera el tomo final.
Entre los muchos premios que se le concedieron, cabe destacar el Rómulo Gallegos, el Formentor y el Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas, Planeta Argentina, Kónex. Su obra está traducida a más de quince lenguas.
Dejó cientos de frases memorables, que quedan resonando en la caja negra de la literatura argentina. Una de ellas, por caso: “La crítica es la forma moderna de la autobiografía. Uno escribe su vida cuando cree escribir sus lecturas”.