Eugenio fue director de la ENET N° 1 desde 1955 hasta 1975. Durante esos años se inauguró el edificio sobre la calle que recuerda su nombre.
Además de haber sido un buen hombre, según coinciden todos los que lo conocieron, Eugenio integró la Junta de Alfabetización y fue nombrado supervisor por el CONET en las escuelas ubicadas en Río Negro, La Pampa y sur de la provincia de Buenos Aires, y fue un luchador incansable para poner en marcha y mejorar la educación técnica en Neuquén. Por aquellos años, la primera ENET recibió a centenares de alumnos que tuvieron la posibilidad de estudiar en una escuela secundaria con una orientación distinta a los tradicionales métodos de estudio. Para muchos adolescentes, su paso por la ENET les marcó la vida y fue un punto de inflexión en sus estudios para abordar futuras carreras y oficios.
"Una de las cosas que me gustan de Neuquén es sentirme muy orgullosa de quien fue mi abuelo, a pesar de no haberlo conocido, porque falleció muy joven. No sólo por el hecho de que haya una calle con su nombre, sino por todo lo que me han hablado de él. Me hace sentir parte de la historia de Neuquén, me da sentido de pertenencia con la
ciudad", dijo ayer su nieta Eugenia, al ser entrevistada por haberse destacado como mejor promedio en sus estudios de Medicina en la Universidad Nacional del Sur.
Indudablemente, el legado del amor por el estudio y la capacitación fue muy fuerte y trascendió una generación.
Para eso trabajó Eugenio. Y por ese motivo, hoy estaría con el corazón desbordante de tanto orgullo.