ver más

El aliento del personal de cocina del hospital a los pacientes con COVID

"Esfuérzate y sé valiente", decía el papelito que le llegó junto a la vianda de comida al querido motoquero y peluquero Gino Espinoza la primera noche de internación y que, según afirmó, lo ayudó a luchar contra el virus.

Las historias de vida duelen. Las historias de vida gratifican. De lo que no hay dudas es que las historias dejan una marca indeleble en las existencias de las personas por siempre. Es el caso de Gino Espinoza, el querido motoquero y peluquero solidario de Zapala que por más de diez días le viene presentando batalla al Covid y que hoy, gracias a la buena voluntad y excelente servicio del personal de la salud pública de la ciudad, la puede contar en primera persona.

Lo hizo a través de su red social en dos impactantes testimonios. “Gracias a Dios quizás mañana siga mi evolución en casa junto a mi familia. Estuve con Covid, aislado por mi cuenta ocho días en mi casa, pero una noche ya no pude más y llamé con desesperación a la guardia) ya no podía respirar (por suerte había cama) ingresé de madrugada con un cuadro de neumonía doble, agravado, y rápidamente me internaron en terapia intermedia, y de ahí en más han sido 8 o 9 noches de mucho dolor, sufrimiento y tristeza”.

“Dolor en el pecho, sufrimiento interno de tanto vacío, sufrimiento externo al ver como a mi compañero de habitación se le hacía tan difícil aguantar tanta tos, tanto ahogo, y que sus pulmones no resistan y se apaguen. Tristeza del saber que ya nada depende de nosotros, con el casco Helmet puesto ahogándome el cuello pero brindándome la única oportunidad de oxígeno porque yo ya no lo podía proveer es muy feo, o estar conectado al respirador y creer en que esa etapa la pueda superar. O el pensar que nuestra vida se apaga y de cómo sufrirán esos que amamos tanto. Es tan cruel este virus, ataca tan fuerte a veces, destruye todo y a veces nos deja continuar con la vida”, escribió Gino, a punto de recibir el alta médica.

GINO ESPINOZA recibe la vianda de cocina (2).jpg
"Tristeza del saber que ya nada depende de nosotros, con el casco Helmet puesto ahogándome el cuello pero brindándome la única oportunidad de oxígeno porque yo ya no lo podía proveer es muy feo, o estar conectado al respirador y creer en que esa etapa la pueda superar. O el pensar que nuestra vida se apaga y de cómo sufrirán esos que amamos tanto", escribió Gino Espinoza.

En un posteo anterior relató su batalla personal y la batalla de cada uno de los que lo asistieron durante su internación. “Desde mi cama tan poco puedo ver detrás de sus barbijos dobles, detrás de las gafas, cubiertos con las cofias que sujetan sus cabellos, con los delantales cubriéndolos todos del cuello hacia abajo. Solo el reflejo de la máscara de acrílico, a veces roja, amarilla o de color azul logra ser más fuerte que sus miradas. Claro, como distinguir quién es quién entre tanto personal que viene y va, siempre a destiempo, siempre dando todo de sí, siempre expirando cansancio. Como saber del que tomó mi mano en la camilla y la 'guardó' dentro de las suyas, dándome calor la primera mañana hace 10 días y ésa pequeña porción de paz. Como saber quién era, ella, que al salir de la habitación de enfrente, luego de estabilizar al paciente levantó el visor de su máscara y sonrió amablemente, más que una sonrisa yo vi el desahogo implícito de esa labor cumplida, sin ningún flash ni aplauso ni gracias. Solo el hecho de hacer lo que se debe. Sólo ellos lo saben”.

"Como saber del que tomó mi mano en la camilla y la 'guardó' dentro de las suyas, dándome calor la primera mañana hace 10 días y ésa pequeña porción de paz", escribió el motoquero y peluquero solidario de Zapala.

Espinoza en su escrito relató también su agradecimiento a cada uno de los que lo ayudaron a superar este difícil trance en su vida. “Valoro a cada uno de los que cumplen su labor, Al telefonista, al ambulanciero, camillero, las guardias de ingreso, maestranza, enfermeros, kinesiólogos, doctores, cocineras y bufeteros; cada uno de ellos está hoy redoblando esfuerzos. Mil gracias a cada uno que pensó y trabajó aquí por mí. No hay palabras para describir tanto aprecio”.

PERSONAL DE COCINA con viandas de esperanza (1).jpg

También resaltó el accionar del personal de cocina que con tanto amor le llevaban la comida y con ella un mensaje de aliento y esperanza. “Y cada uno de los cables conectados a mi cuerpo me impregna de esperanza del papelito que alguien con cinta scotch pegó a la bandeja de comida la primera noche y guardé para leer a cada momento: 'Esfuérzate y sé valiente'", contó que decía la frase escrita con tanto amor y dedicación por las cocineras.

Te puede interesar