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Con la llegada del verano, el canotaje se convirtió en un verdadero fenómeno en Neuquén. Cada vez son más visibles los kayaks que surcan las aguas del Limay, y son muchos los inexpertos que se animan a hacer su primera incursión en este deporte. Desde los clubes ribereños informaron que la matrícula de alumnos creció entre un 60% y un 100%, y ayudó a compensar la merma de socios que se había notado en los primeros meses de la pandemia.
Quizás porque se propone como una actividad para vincularse de forma solitaria con el río, o quizás porque en la práctica se cumplen los protocolos de aislamiento social, el canotaje se convirtió en uno de los deportes de moda de esta temporada. La Municipalidad abrió hace pocas semanas una escuela municipal para dictar este deporte, y son muchos los que se acercaron a los clubes privados o de mutuales para aprender a remar.
Mauricio Zecca, del club Biguá, informó que la matrícula de estudiantes en esta disciplina se incrementó en un 100% esta temporada y en relación al verano pasado, cuando todavía no había protocolos por la pandemia de coronavirus. Si bien el club ofrece todos los deportes con medidas de cuidado para prevenir los contagios, la mayoría de los socios se inclinaron por el kayak.
Patricia Martínez, de Cepron, estimó que en el club hay un 60% más de alumnos. Los interesados deben pagar la cuota social que se descuenta del sueldo de los empleados públicos, a lo que se suma un costo adicional para cubrir el asesoramiento del profesor y el préstamo de la embarcación, el remo y el chaleco salvavidas.
Las clases se suelen extender por más de una hora y media y ofrecen los conocimientos básicos para que los principiantes puedan desenvolverse en el río. En Biguá, es una de las actividades favoritas junto con la escalada, aunque también se ofrece fútbol, básquet y las piletas, que están abiertas incluso con protocolos contra el coronavirus.
Si bien en los clubes se sintió una merma en la cantidad de socios al principio de la pandemia, estos espacios también recibieron nuevos interesados a principios de la primavera, cuando ya se vislumbraba un escenario con restricciones para los viajes en las vacaciones. Por eso, la pérdida de socios se compensó con nuevos miembros gracias al canotaje, que mantuvo estable el número de asistentes a los clubes.