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Alejandro Olivera
olivera@lmneuquen.com.ar
Neuquén.- Aunque recuerda sus andanzas como seguidor de Independiente de Avellaneda con cariño, Gabriel Cruz no cambiaría su presente por su pasado. El cocinero de 43 años dejó su pasión futbolera por los paisajes de Andacollo, donde puso un restaurante junto a su esposa Graciela, oriunda de la región. “Los ríos y las montañas son un cable a tierra”, expresó.
Gabriel se crió en Temperley, donde los sábados iba a ver al equipo del barrio y los domingos seguía a Independiente. “Siempre iba a la cancha porque era lo que me gustaba”, expresó. Sin embargo, a los 17 años la vida lo llevó fuera de los límites del vecindario hacia las playas vírgenes de Villa Gesell, donde comenzó una relación con una joven y se quedó para trabajar como cocinero. Desde ese momento, tuvo una exitosa carrera como chef en distintos restaurantes de la ciudad balnearia y de Capital Federal, donde llegó a trabajar en prestigios sitios de Puerto Madero y de Palermo Soho. A pesar de sus logros profesionales, Gabriel necesitaba volver a la tranquilidad de Gesell, pero al regresar se encontró con que el lugar había cambiado. “Se convirtió en lo que era Buenos Aires cuando lo dejé por primera vez”, sentenció.
Con el correr del tiempo buscó alternativas, localidades donde pudiera vivir sin mayores preocupaciones y tuviera un buen porvenir. “Hace cinco años llegué a Neuquén pero no era el lugar donde quería vivir. Tenía dos opciones: o me volvía a Gesell o me iba a Andacollo con mi mujer”, detalló. Fue así que se instalaron en esa localidad, donde hoy tienen su propio restaurante: La Sequoia. “Acá encontré lo que vi en Gesell aquella primera vez”, aseguró. Gabriel manifestó que en Andacollo encontró paz y la posibilidad de crecimiento, y destacó que todos sus logros son compartidos con Graciela. “De no ser por ella, no hubiese crecido tanto”, dijo orgulloso.
Legado paterno
Gabriel segura que la herencia más grande que le dejó su padre fue el amor por Independiente y un gran archivo de anécdotas. “Cuando yo tenía unos 10 años, me levantaba los domingos para ir a la cancha. Me daba plata para el chori y la coca y yo me iba en tren”, comentó. Dijo que con él podía pasar horas charlando de Independiente.