Con pocos ingredientes y en simples pasos, este budín de mandarinas es ideal para aprovechar la fruta de temporada y acompañar el mate.
Cuando las mandarinas están en su mejor momento, aparecen en la verdulería con buen color, aroma intenso y precio amigable. Es la señal perfecta para llevar algunas a casa y convertirlas en algo más que una fruta de postre.
Uno de los clásicos más simples de la cocina casera es el budín de mandarinas: una preparación rápida, con pocos ingredientes y con un resultado que perfuma toda la cocina. Mientras se hornea, el aroma cítrico invade la casa y anticipa una merienda perfecta para acompañar con mate, café o té.
La gracia de esta receta está en su simpleza. En pocos pasos se logra un budín húmedo, suave y con un sabor marcado a fruta fresca. Incluso se utiliza parte de la cáscara, que aporta aroma y profundidad al sabor final.
El primer paso es exprimir una de las mandarinas y reservar el jugo.
La otra mandarina se corta en trozos, se le retiran las semillas y se coloca en la licuadora con su cáscara. A ese mismo recipiente se le agregan el aceite, el huevo, el azúcar y el jugo previamente exprimido.
Procesar todo durante algunos segundos hasta obtener una mezcla homogénea en la que la fruta quede completamente integrada.
Luego, pasar la preparación a un bowl y sumar la harina leudante. Integrar con movimientos envolventes hasta lograr una masa pareja.
Volcar la mezcla en una budinera previamente enmantecada y enharinada y llevar al horno precalentado a 180 grados durante unos 45 minutos.
Para comprobar la cocción, introducir un palillo o cuchillo en el centro: si sale seco, el budín está listo.
Dejar enfriar unos minutos, desmoldar y servir. El resultado es un budín húmedo, fragante y perfecto para compartir en una merienda casera.