Tres opciones de sopas caseras, rendidoras y llenas de sabor. Borsch, puerro y cebolla, las protagonistas.
Mientras el otoño se instala, nada mejor que unas sopas hechas en casa. Acá van tres recetas prácticas para ganarle al frío sin complicarse demasiado.
El Borsch tiene pasado. Hay quienes cuentan que los astronautas rusos lo llevaban al espacio como alimento. Nacida en Ucrania, esta sopa se expandió por todo el imperio ruso hasta meterse en tradiciones religiosas, tanto cristianas como católicas.
Su origen se remonta a una preparación más antigua, donde se cocinaban hojas, tallos y flores. De ahí evolucionó esta versión que hoy conocemos, con la remolacha como eje: económica, nutritiva y con mucho carácter.
4 remolachas
½ cebolla
manteca c/n
sal
pimienta
crema c/n
1 diente de ajo (opcional)
caldo de verdura (opcional)
Lavar y pelar las remolachas, cortarlas en cubos chicos y blanquearlas en agua hirviendo. Colar y, en la misma olla, incorporar manteca, sal y la cebolla bien picada. Agregar un poco de agua o caldo y cocinar hasta que la remolacha esté tierna. Se puede sumar tomillo, sal, pimienta y, si se desea, un diente de ajo.
Dejar que baje apenas la temperatura y agregar un poco más de manteca. Procesar con minipimer o licuadora. Terminar con un chorrito de crema y unas hojas frescas de albahaca o perejil.
Una de esas recetas que resuelven. Rica, cremosa y perfecta para el invierno. El puerro, protagonista absoluto.
El frío se instala, el cielo se vuelve gris y el viento patagónico no da tregua. En ese escenario, aparece una sopa que cuida todo: el cuerpo, el ánimo y también el bolsillo. Sencilla, sabrosa y con esa cremosidad que siempre reconforta.
Caldo y sazón, la clave.
1 puerro
1 cebolla de verdeo
1 diente de ajo
1 papa
crema de leche c/n
sal
pimienta
caldo de verdura c/n
aromáticas
Lavar y cortar en rodajas el puerro y el verdeo, separando la parte verde. Picar el ajo. En una olla con aceite de oliva dorar el ajo, la parte blanca del verdeo y el puerro. Salpimentar. Mientras tanto, pelar la papa, cortarla en láminas finas y sumarla a la olla.
Ir agregando caldo a medida que la preparación lo pide, siempre caliente. Evitar que se pegue o se queme. (El caldo puede hacerse con lo que haya a mano, como puerro y cebolla). Cuando la papa esté blanda, dejar entibiar y procesar con minipimer.
Servir en plato hondo con un chorrito de leche, mezclar suavemente y agregar cubos de pan duro. Terminar con el verdeo reservado, aromáticas, sal, pimienta y un toque de oliva.
Un clásico que no falla. Intensa, sabrosa y perfecta para los días más fríos.
La cebolla es noble. Puede volverse dulce con el calor o profunda y envolvente en una sopa como esta. Una receta para sumar al repertorio de todos los días.
750 ml de caldo
500 g de cebolla
3 cucharadas de manteca
½ cucharada de azúcar
½ cucharada de aceite de oliva
½ cucharada de harina
½ copa de vino
sal y pimienta
4 panes redondos o el que haya
4 rebanadas de queso provolone
queso parmesano a gusto
Cortar la cebolla en pluma, salpimentar y cocinar en una olla con aceite y manteca. Agregar la harina y dejar que tome color. Incorporar el vino y luego el caldo, mezclando bien para integrar.
Cocinar a fuego bajo durante media hora. Mientras tanto, precalentar el horno.
Colocar el pan en una placa con el provolone por encima y gratinar. Servir la sopa en platos o cuencos y sumar el pan con el queso fundido. Terminar con un poco de parmesano rallado.