Además, es de esos platos que impresionan sin que hayas hecho nada demasiado complicado. Un secreto culinario que vale la pena tener en el repertorio.
Ingredientes (para 4 personas como guarnición)
- 800 g de zanahorias
- 1 trozo de jengibre fresco de 3 cm
- 2 dientes de ajo
- 40 g de manteca
- 100 ml de crema de leche (o leche entera)
- Sal, pimienta blanca y nuez moscada
- Ciboulette o cebolla de verdeo para decorar
- Aceite de oliva para servir
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Puré de zanahoria y jengibre, delicioso.
La preparación, paso a paso
- Pelá las zanahorias y cortarlas en rodajas de 1-2 cm. Pelá el jengibre y el ajo.
- Cocinás las zanahorias en agua hirviendo con sal junto al jengibre y el ajo durante 20-25 minutos, hasta que estén muy tiernas. Que no quede ni un poco de resistencia al pincharlas.
- Escurrís bien y procesás todo junto en procesadora o con mixer de mano. Si no tenés, las pisás con un pisa papas pero el resultado va a ser un poco más rústico, lo cual no está mal.
- Con el procesador andando, incorporás la manteca en cubos fríos de a poco. Después la crema de a chorritos hasta lograr la textura que querés: puede ser muy suave y sedosa o un poco más rústica.
- Corregís sal, agregás pimienta blanca y nuez moscada. Probás y ajustás.
- Servís de inmediato con un chorrito de aceite de oliva por encima y ciboulette picada.
Tips que marcan la diferencia
- La cocción completa es clave: si la zanahoria queda aunque sea levemente firme, el puré va a quedar con grumos. Tiene que estar muy blanda.
- El jengibre se cocina junto a la zanahoria: no lo agregues crudo al final o va a quedar con un sabor muy agresivo. Cocinado pierde la agresividad y aporta calidez.
- Versión vegana: reemplazá la manteca por aceite de coco y la crema por leche de coco o de avena. Queda igual de cremoso y con un perfil de sabor diferente e interesante.
- Usos creativos: este puré funciona también como base de una sopa (agregale más caldo), como relleno de tartaletas o como dip frío con tostadas.
Para acompañar
Como guarnición de pollo al horno, de salmón a la plancha o de lentejas estofadas. También solo, con un huevo pochado encima y pan tostado para mojar.
Un vino blanco con algo de cuerpo, como un chardonnay neuquino con paso por madera, acompaña muy bien el dulzor de la zanahoria y el picante del jengibre.