Un budín esponjoso, económico y sin ingredientes complicados, pensado para las tardes de lluvia con mate o café de por medio.
Las tardes húmedas piden algo dulce cerca del mate, y pocas cosas cumplen ese rol tan bien como un budín casero recién horneado. El de naranja tiene, además, la ventaja de usar ingredientes que suelen estar siempre a mano y de no requerir técnicas complicadas ni utensilios especiales: con un bol, un batidor y un molde alcanza para tener, en menos de una hora, un budín esponjoso que perfuma toda la casa mientras se cocina.
Una vez fuera del horno, se puede comer tibio, con un poco de manteca por encima que se derrite sobre la miga caliente, o frío al día siguiente, cuando la miga se asienta del todo y el sabor a naranja se siente todavía más presente.