Una tarta de espinaca y huevo con masa casera simple, ideal para rendir el presupuesto y aprovechar las sobras en el almuerzo del día siguiente.
La tarta de espinaca es uno de esos platos que atraviesan generaciones sin perder vigencia. Se puede comer tibia recién salida del horno, fría al mediodía siguiente, o directamente como vianda para llevar al trabajo. En una semana donde el clima invita a quedarse en casa y la billetera pide opciones rendidoras, la tarta de espinaca vuelve a ocupar el lugar que nunca debería haber perdido en la mesa de todos los días.
Lo primero que conviene aclarar es que no hace falta ningún ingrediente especial ni harina distinta a la de siempre para lograr una masa prolija. Con harina común 0000, manteca o grasa, agua fría y sal alcanza para una masa que se estira sin romperse y que, al hornear, queda dorada y crocante en los bordes.
Se puede comer caliente, tibia o fría, lo que la convierte en una opción versátil para toda la semana: alcanza con cortar una porción, guardarla en un táper y tenerla lista para el almuerzo del día siguiente sin necesidad de volver a cocinar.