Con horno fuerte y un aderezo de yogur y limón, el repollo cambia por completo: bordes tostados, centro tierno y muy poco gasto.
El repollo pasó demasiado tiempo condenado a la olla. Hervido hasta perder el color, la textura y casi cualquier argumento a favor, era lógico que no despertara grandes pasiones. Pero alcanza con cambiar la cocción en la receta para que parezca otra verdura.
En el horno, cortado en gajos y a temperatura alta, concentra su dulzor. Las hojas exteriores se tuestan, el centro queda tierno y el olor fuerte que suele dejar el hervor directamente no aparece. Es una de esas recetas en las que la técnica trabaja más que la lista de compras.
El repollo, además, viene ganando lugar en cocinas y redes durante 2026. Tiene sentido: es barato, rinde muchísimo y aguanta varios días en la heladera. Acá va con una salsa de yogur y limón que se prepara mientras el horno hace el resto. Puede ser una entrada, una guarnición o una cena liviana con un huevo encima.
• 1 repollo blanco chico
• 3 cucharadas de aceite
• 1 cucharadita de pimentón
• Sal y pimienta
• 200 gramos de yogur natural sin azúcar
• Jugo y ralladura de medio limón
• 1 diente de ajo chico
• 2 cucharadas de perejil picado
• Sal
La fuente tiene que ser amplia. Si los gajos quedan amontonados, largan vapor y se ablandan antes de dorarse. Con aire alrededor y horno fuerte, el repollo deja de ser un castigo de infancia y encuentra, por fin, una forma bastante más feliz.