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Una receta salvadora, económica y versátil para improvisar una comida rica en minutos con ingredientes simples que seguro ya tenés en casa.
Hay recetas que nacen de la creatividad y otras que nacen de la necesidad. La tarta sin masa pertenece a ese segundo grupo: es hija de la heladera semivacía, del apuro y de la búsqueda constante de resolver una comida rica sin gastar demasiado. Y, como suele pasar con las grandes soluciones de la cocina casera, terminó convirtiéndose en un clásico.
La lógica es simple: reemplazar la masa tradicional por una mezcla líquida que envuelve el relleno y se transforma en una especie de “tarta soufflé” al horno. El resultado es liviano, sabroso y extremadamente práctico. No hay que amasar, no hay que estirar, no hay que precocinar nada. Solo mezclar, volcar y hornear.
La base de esta receta es una mezcla de huevos, leche y harina. Esa tríada funciona como estructura y permite sostener cualquier relleno que quieras usar. Y ahí está la magia: podés adaptar la tarta a lo que tengas disponible. Verduras, sobras de pollo, restos de queso, fiambre, lo que sea.
Es también una receta ideal para reducir desperdicios. Ese pedazo de zapallito que quedó solo, media cebolla olvidada, un poco de espinaca congelada o una lata de choclo abierta son perfectos para esta preparación. Todo suma.