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El consenso para Vaca Muerta en un escenario hostil

La puja electoral responde a intereses distintos de los que amparan al pedido de Gutiérrez para concretar un gran acuerdo nacional.

El gobernador Omar Gutiérrez no deja pasar oportunidad sin reclamar una política nacional consensuada para Vaca Muerta, que quede al margen de la confrontación electoral.

El reclamo interpreta una pretensión de los empresarios que tienen negocios en la formación neuquina, además de la visión de Gutiérrez y su gobierno. Tienen una visión similar los gremios involucrados en la producción petrolera provincial.

La pretensión compartida por los interesados directos en la producción de los yacimientos no convencionales se enfrenta a la hostilidad del escenario en el que se disputa el poder del Estado nacional, a pesar de que los discursos rectores de las fuerzas dominantes en la arena electoral comparten que el potencial de Vaca Muerta es una de las únicas cartas serias del país en la partida por enderezar su economía.

Cuesta imaginar una negociación rápida entre el gobierno del Frente de Todos y las fuerzas opositoras reunidas en Juntos por el Cambio que desemboque en un acuerdo programático como el que buscan el gobernador y las petroleras.

Los intereses proselitistas en juego exceden a Vaca Muerta, por más que todos pregonen que en su potencial está la solución a todos los problemas de la economía del país.

Una muestra: nadie niega la necesidad de contar rápido con el gasoducto a Salliqueló, pero ante una declaración del ex ministro Matías Kulfas surgió una denuncia de la oposición que tenía la intención de demorar la obra.

Para el gobierno provincial y las operadoras de los yacimientos de Vaca Muerta, en cambio, la obsesión primaria es una estrategia para desarrollar un plan que empuje la rentabilidad de la producción shale neuquina hasta lo más alto posible.

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