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La tercera ola de COVID opacó un tanto la fiesta que se vive en la cordillera. Además de generar preocupación en el sistema sanitario, colapsos en centros de salud, caídas de reservas en algunos alojamientos y dolores de cabeza entre los veraneantes (que debieron aislarse o que la pasaron mal durante sus vacaciones), el alto nivel de contagios afectó también al personal de diferentes negocios y locales gastronómicos, en los que se tuvieron que hacer malabares para no quedar mal con la gran cantidad de clientes que trajo el buena racha turística.
"Siempre falta una para el peso. Lo que nos complicó la vida es que se contagiaron buena parte del personal, así que tenemos mucho faltante. Eso hace que tengamos que anular mesas - en mi caso uno de los salones -porque no tengo gente que atienda. Es todo un tema. Una vez que tenés una temporada buenísima para laburar, te pasa esto. Tenés lluvia en enero que hace que la gente se quiera quedar en el pueblo y no la podés atender porque te falta gente", expresó un tanto desanimado Sebastián de Unser Traum.
"Lo único negativo es la falta de personal. El covid provocó muchísimos aislados y como resultado nos da una combinación para prestar un servicio turístico bastante calamitoso. Pero es lo qué hay y tenemos que adaptarnos, hasta que se normalice", señaló por su parte Pablo de Vieja Deli, antes de advertir el problema de la falta de alojamiento para quienes van a trabajar durante la temporada.
"Este año las personas que venían a trabajar la temporada como lo hacen todos los años, se encontraron con problemas serios de alquiler y la mayoría se tuvo que volver con las manos vacías", lamentó.