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El insomnio, es decir la falta de sueño, se ha convertido en un problema sanitario global en el último año debido al coronavirus. Las consultas por trastornos en el sueño crecieron desde el último año y en diversos países hubo reportes de un 30 a 40% de la población con este tipo de trastornos.
En la Argentina, un informe del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Universidad de Buenos Aires reportó que entre marzo y octubre de 2020 casi un 75% de personas presentaron alteraciones del sueño.
Incluso, algunos especialistas ya le dieron un nombre propio a la patología: “covid-somnio”, el trastorno del sueño estimulado por la pandemia.
El sueño tiene un papel importante en la función inmunológica, el metabolismo, la memoria, el estado de ánimo y el aprendizaje. Por esto, la privación del sueño es uno de los factores que -junto a una dieta no balanceada, falta de ejercicio y predisposición genética- puede aumentar las chances de contraer enfermedades metabólicas, se destacó, en el marco de la campaña + Salud, que llevan adelante la Legislatura de Neuquén, LU5AM600 y LM Neuquén.
A más de un año con pandemia, a estas alturas no quedan dudas de que los problemas de salud que se desprenden del temido COVID no solo se producen en las personas directamente afectadas por la infección, sino que pueden perjudicar también al resto de la población.
Los trastornos del sueño son uno de las afecciones más comunes. Cerca del 20% de las personas sufren insomnio agudo. Las consecuencias pueden ser graves, sobre todo por el deterioro en la capacidad de atención, lo que impacta en su calidad de vida.
Uno de los principales trastornos del sueño son los ronquidos.
Este disturbio en la calidad del sueño se da, según datos estadísticos, en un 75% de hombres y en un 45% en mujeres, según un informe del Hospital de Clínicas.
En este sentido una de las dolencias respiratorias crónicas con mayor prevalencia en todo el mundo son las Apneas e Hipopneas Obstructivas del Sueño (SAHOS). El paciente puede sufrir severas complicaciones: somnolencia diurna excesiva, accidentes de tránsito y laborales, HTA, arritmias, enfermedades cardio y cerebro-vasculares, trastornos metabólicos y neurocognitivos, y a su vez incrementa la mortalidad en forma significativa, alertan los expertos en medicina del Sueño.
Por eso es esencial la consulta médica para llegar a un diagnóstico preciso.
Se deben tener en cuenta cualquier tipo de alteraciones, en estos tiempos de turbulencia sanitaria. Muchas personas “pueden sentir que debido a las preocupaciones y pocas estrategias de afrontamiento, pensamiento negativo y pensamientos sobre las consecuencias del COVID 19, no pueda dormir, o sienta sueño diurno. Por otro lado, pueden también sentir con el aislamiento, si es el caso, la tendencia a dormir en exceso y cambiar cronobiológicamente los ritmos de sueño y vigilia a través de siestas y periodos de sueño que no son los usuales dentro de los hábitos que cotidianamente tenía antes del problema”, alertaron desde la Federación Latinoamericana de Sociedades del Sueño.
Tips para hacer frente al insomnio pandémico
¿Cuándo se hace necesario consultar con un especialista?
Síntomas como: ronquidos sonoros, pausas respiratorias durante el sueño, insomnio, somnolencia diurna, pesadillas reiteradas, sonambulismo en el adulto, pérdidas del tono muscular ante una emoción, sueños actuados, entre otros, son algunos indicadores de un posible trastorno del sueño.
DATOS
¿Qué es el síndrome de apneas del sueño?
El Síndrome de Apneas Hipopneas consiste en la sucesión de episodios transitorios de obstrucción, parcial o casi total, de la vía aérea superior durante el sueño.
Afecta del 2% al 4% de la población general y uno de los principales factores de riesgo es el sobrepeso / obesidad. Se acentúa con la ingesta de alcohol, sedantes y tabaquismo.
Se sospecha en presencia de: ronquidos, despertares con sensación de ahogo, sueño excesivo durante el día (mirando TV, en el trabajo, en un cine, conduciendo, en una reunión, etc), dificultad para mantener la atención, sueño superficial o inquieto, pausas respiratorias durante el sueño relatadas por familiares, despertares con dolor de cabeza o boca seca, necesidad de orinar muchas veces durante la noche.
Actualmente se considera un factor de riesgo para:
Puede causar: Alteraciones en la memoria y en la atención, cefalea frecuente, alteraciones del ánimo y del humor. En los niños, déficit de atención e hiperactividad, dificultades en la escuela, posiciones bizarras para dormir, enuresis secundaria (orinarse por las noches), terrores nocturnos y sonambulismo frecuente, etc. (Fuente: Asociación Argentina de Medicina del Sueño)