Mario Cippitelli
cippitellim@lmneuquen.com.ar
NEUQUÉN
En el pueblo había una expectativa enorme y las apuestas se multiplicaban a favor y en contra de lo que parecía una hazaña imposible. “No van a llegar”, decían algunos pesimistas e incrédulos. “Hasta que no lo vea…”, opinaban otros. Había quienes, más confiados, sostenían que se trataba de un viaje posible, que la tecnología lo permitiría y que a lo sumo podría haber alguna demora.
Corría agosto de 1911 y cuatro hombres estaban decididos a hacer historia: viajar desde Neuquén en automóvil hasta la ciudad de Chos Malal.
Francisco y Gregorio Tobar (padre e hijo), Miguel Esquivel y Valentino Salgado fueron los audaces que desafiaron todos los pronósticos agoreros. Es más, sostenían que el viaje desde la recién fundada capital hasta el norte neuquino podrían hacerlo en menos de 24 horas, sin tener en cuenta las “paradas técnicas” para recargar combustible y solucionar problemas que fueran surgiendo. Nunca nadie lo había hecho por una sencilla razón: la industria automotriz recién comenzaba a evolucionar y los primeros autos Ford T, fabricados en serie, deslumbraban al mundo por su diseño y rendimiento.
En Chos Malal, todo el pueblo se preparó para ser testigo de semejante acontecimiento. La inmensa mayoría de los vecinos nunca había visto un automóvil, más allá de alguna ilustración, por lo que la imaginación y la ansiedad eran impresionantes.
Cumplidas las 24 horas, muchos se habían trasladado hasta la entrada del pueblo y durante horas se quedaron mirando el camino polvoriento, pero no había ni rastros del automóvil en cuestión. Al segundo día, el grupo volvió al mismo lugar. Pero nada. El camino seguía solitario.
Una fuerte tormenta que se había desatado en la zona durante la segunda noche de espera, hizo que muchos desistieran de mantener la vigilia en la entrada del pueblo. “Ya no va a venir… algo les pasó y los caminos deben haber quedado destruidos”, decían lamentándose.
Pero a las 10 de la mañana del domingo 20 de agosto, el tercer día después de iniciada la aventura, el ruido de un motor alteró a todos los parroquianos. “¡¡¡Llegó el automóvil!!!”, gritaban algunos. “¡¡¡Lo lograron!!!”, vociferaban otros emocionados.
De a poco, las calles comenzaron a poblarse y una nutrida peregrinación concurrió hasta la comisaría local para ver a la máquina. Adultos y niños, todos por igual, quedaron paralizados frente al vehículo, como si se tratara de una nave llegada de otra galaxia. “¿Ves? Esto es un auto”, les señalaban los padres a sus hijos boquiabiertos y maravillados por la tecnología.
Francisco Tobar, el propietario, explicaba a todos los concurrentes que el motor infernal de 20 caballos podía desarrollar hasta 50 kilómetros por hora y contestaba a todas las preguntas que llegaban como borbotones: “¿Cómo pasaron los arenales?, ¿cuántas latas de nafta consumieron?, ¿en cuántas horas hicieron el viaje?”.
El dueño del auto y sus acompañantes explicaron que, sin contar las paradas técnicas, habían demorado un total de 23 horas desde Contralmirante Cordero, el punto de partida, hasta Chos Malal; un verdadero récord.
Uno de los vecinos que fue testigo de la hazaña escribió una extensa carta al diario Neuquén para contarle detalles de aquel día histórico y todas las actividades que luego se realizaron para festejar.
Una gran comilona a la que asistieron unas 40 personas se organizó para agasajar a los cuatro héroes. Cumplida la cena, todos los asistentes siguieron los festejos con un gran baile popular que se extendió hasta la madrugada.
El pueblo de Chos Malal vivió un día histórico que quedó reflejado en el libro Recuerdos territorianos, de Ángel Edelman, y en el artículo del diario Neuquén que reflejó aquella particular hazaña.
“El señor Salgado hizo pasear en su máquina a todas las señoras y señoritas de la localidad. En estas vueltas, la máquina alcanzó los 50 kilómetros por hora”.
“El miércoles 23 siguieron para Las Minas a caballo. Su intención era llegar hasta allá en automóvil, pero el temporal de mayo destruyó varias partes del camino”. Motorman. Fragmentos de la carta enviada al diario Neuquén con este seudónimo.