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El duro oficio del vendedor ambulante en el verano

Hacen jornadas de hasta 12 horas, sin descanso y al rayo del sol.

Georgina Gonzales

gonzalesg@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- Los casi 40 grados que marcó el termómetro durante los últimos días en la ciudad hicieron aún más difícil la vida de muchos de los vendedores ambulantes que recorren las calles en búsqueda de conquistar compradores para ganarse la vida.

Trabajan más de 12 horas, al aire libre, sin baño ni lugar donde comer y al rayo del sol. Pero lo hacen con ganas y se muestran simpáticos con la gente.

Hugo Escudero se dedicaba a la albañilería pero una enfermedad, allá por 2007, lo alejó de ese oficio y la venta callejera se transformó en su salida laboral. Hace unos tres años que comenzó a vender portatarjetas para el colectivo.

De piel bronceada y detrás de una gorra y anteojos negros, Hugo recorre todos los días la calle Sarmiento desde Corrientes hasta Misiones. Durante doce horas pasa buenos ratos charlando con jóvenes que esperan el colectivo, les da consejos, les dice que estudien y que trabajen.

Sabe que para llevarse la plata que necesita para vivir junto a su mujer tiene que vender unas 40 portatarjetas por día.

“El vendedor es muy sufrido, por ahí llegás con las manos vacías a tu casa. Pero ya estoy acostumbrado”, comentó el hombre de 52 años que muchas veces pasa de largo el almuerzo y come recién a la noche cuando regresa a su casa.

Pasar tantas horas en la calle los hace protagonistas de muchas situaciones. Según cuenta Hugo, un día de mucho viento casi se le cae el cartel de un negocio sobre la cabeza. Zafó por poquito.

Elio Pallale fue un busca toda su vida. Se acuerda de que la primera vez que salió a la calle a vender tendría unos ocho años y en su canasta la mamá le puso rosquitas y tortas fritas que les vendió a sus vecinos de Zapala.

Luego le tocó ser canillita, también obrero de la construcción y finalmente le encontró el gustito a la venta. Hace años que trabaja en las calles del centro. Hoy ofrece juguetes y le dedica buen rato a los niños cuando se acercan a mirar sus perritos de peluche.

De origen mapuche, le gusta defender su tierra y es muy amable con todos sus clientes, aunque advierte que algunas personas lo tratan de manera discriminatoria.

Pallale señala que las ventas están en baja y que por eso sumó horas a su trabajo para tratar de juntar un poco más de plata. En el medio, no pierde la esperanza de multiplicar algunos pesitos con la quiniela y, por eso, todos los días se juega algún número.

Al lado de la plancha encendida y la olla de agua hirviendo para las salchichas, las tardes de Cristian Alvarado se hacen hoy en día un poco más agobiantes. Cada tanto agarra una servilleta y se seca las gotas de su frente, aunque todo el tiempo trata de estar impecable para atender a los que llegan con ganas de comerse un pancho.

Se define como un cliente muy exigente y por eso le pone todo el empeño a la atención de los suyos. No escatima con los aderezos, deja varios minutos el pancito sobre la plancha y pone cada salchicha recién cuando se la piden.

Cristian, por su parte, es casi un novato. Hace dos meses que se dedica al rubro y ya tiene su técnica para armar delicadamente los panchos, del mismo modo que lleva todos sus pedidos organizadamente para tratar de no hacer esperar a nadie.

Pese a la alta sensación térmica que de por sí se genera al lado de la olla con agua caliente, que se potencia en el verano, para los pancheros no hay descanso y tienen que seguir trabajando, al igual que lo hacen durante el resto del año.

Rubros: Panchos, juguetes y hasta portatarjetas. Todo sirve para vender y sobrevivir.

“Siempre trato con educación y con respeto. Cero mala onda y mis clientes siempre me agradecen por cómo los atiendo”.Hugo Escudero. Vendedor ambulante de portatarjetas

“Estoy acostumbrado al calor y al frío también. De alguna manera te las arreglás, debajo de un árbol o como sea”. Elio Pallale. Vendedor ambulante de juguetes y peluches

“Soy cumplidor y responsable. Atiendo bien a mis clientes y si alguno está de mal humor, trato de cambiarle la onda”. Cristian Alvarado. Panchero

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