Sofía ibáñez
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Neuquén
Neuquén, agosto del 2001, estadio Ruca Che, Premundial. La gente, el aliento incesante, la primera Copa de la Américas para Argentina y el pasaporte a Indianápolis 2002. Si la Generación Dorada tiene que ponerle una fecha o elegir un momento para empezar a contar su leyenda, es ese.
“Fue un momento, un comienzo; si bien veníamos jugando de otros años, creo que fue el empujón y eso empieza con un buen lugar puntual, de buena energía y con el soporte de la gente, que realmente fue increíble”. Lo dijo Fabricio Oberto, después de brindar una clínica en el club El Biguá. El ex pivot no volvía a la capital neuquina desde aquel torneo, hace 15 años, pero siempre la recordó con una sonrisa.
Ya lejos de las canchas, el motivo de su retorno otra vez fue el básquet. Tamaño símbolo del deporte nacional, intérprete de una de las hazañas más asombrosas en los Juegos de Atenas 2004, todavía siente que puede ayudar, que tiene el deber de hacerlo. Y lo hace desde la base, desde donde nace el básquet argentino, en ese mismo lugar donde una vez estuvo él.
“Uno puede ayudar de cierta manera, por la suerte que me ha tocado vivir y los compañeros que he tenido, la experiencia con la Selección, jugar en diferentes países… Uno no tiene una fórmula, sólo cuenta lo que le pasó y qué decisiones fuimos tomando para que pueda suceder”, expresó Oberto mientras preparaba sus valijas, terminando la gira que incluyó Comodoro Rivadavia y San Martín de los Andes. “Es una ciudad que me ha tratado súper bien. Año 95, Juego de las Estrellas y la clasificación para los Juegos Olímpicos para el 96. Y después, lo del 2001. Siempre me trataron con mucho cariño”, destacó.
El equipo sobre todo
Oberto llevó adelante la clínica junto al ex basquetbolista Gabriel Cocha. Trabajaron en fundamentos y también en transmitir los valores del deporte. El campeón de la NBA con los Spurs contó sobre su trayectoria, respondió preguntas, insistió en que el básquet es un juego de equipo y que jugar con un amigo potencia el rendimiento. Y él, como buen amigo de Emanuel Ginóbili, expresó que “hay que seguir disfrutándolo”. “Parece que cada día juega un poquito mejor, es una suerte que lo tengamos”, dijo.
Sobre los primeros pasos de Nico Laprovíttola y Nico Brussino en la NBA, sostuvo que “son jugadores que están haciendo una súper experiencia, que tienen que ganarse el camino, ganarse la confianza” y, sin dudas, afirmó que “están para hacerlo”. Hace una semana, Manu dijo que Facundo Campazzo estaba para jugar en el torneo de elite mundial; Oberto coincidió: “Tiene todas las condiciones”.
Y todo eso ilusiona. El Alma está intacta, el legado sigue creciendo. “Los jugadores que tengamos en la NBA, en Europa o que tengan el mismo profesionalismo de ellos, creo que suma. Después, y creo que es lo que mostró un poco la Selección, todos los que hemos pasado, es que el equipo es lo más importante, no los nombres. Es lindo tenerlos a Manu, a Scola, Laprovitola, Brusino. Todo muy lindo, pero lo más importante, y ellos lo entienden, es el equipo”, afirmó.
La Davis desde la cordillera
Fabricio Oberto, desde San Martín de los Andes, no se perdió la definición de la Copa Davis. “Vi los últimos sets, fue tremendo. Creo que todos los jugadores eran parte de un equipo, a veces pasa eso, pero no tenés la suerte. Pero ellos tuvieron ese extra de ganar, de no darse por vencido. Con Del Potro perdiendo dos sets… hay que tener mucha cabeza para dar vuelta un partido así”, destacó.
“Es un linda responsabilidad”
El club Los Zorros de San Martín de los Andes realizó, el domingo, la sexta edición del Torneo Internacional de Minibásquet, del que participaron más de 600 niños de Argentina y de Chile. Fabricio Oberto fue nombrado padrino de la institución deportiva. “Tengo una gran amistad con Víctor (Serna) desde hace mucho tiempo. En los últimos años se habló mucho más de las cosas que se pueden hacer juntos. Estoy contento, es una linda responsabilidad más”, contó el ex pivot de la Generación Dorada.
En el encuentro, el ex NBA jugó un partido 3X3 junto a funcionarios, dirigentes, el ex jugador Bruno Gelsi y su amigo Víctor Serna, entrenador de los Zorros.