{# #} {# #}
Aunque nadie conocía su verdadero nombre, su rostro se volvió muy familiar. Era muy fácil reconocer su pelo escaso, su barba blanca bien recortada y sus ojos celestes. También esa sonrisa que parece algo forzada, como ocultando la tristeza, y que lo convirtió en una celebridad mundial.
Sin embargo, detrás del meme hay un hombre real. Es András Arato, que nació hace 74 años en un pequeño pueblo de Hungría, cuando el humor pasaba por las historietas y los chistes que se repetían en la oralidad, pero nunca a través del concepto de los memes.
András fue a la Universidad y se recibió como Ingeniero Eléctrico. Se convirtió en un experto en iluminación y trabajó para diversas compañías especializadas en la temática. También ganó varios precios de academias científicas y hasta fue electo vicepresidente de la Sociedad Húngara de Iluminación.
Pero su fama llegó después de la jubilación. Ya retirado, András se fue de vacaciones a Turquía y compartió su viaje con amigos a través de las redes sociales. Fue entonces cuando un fotógrafo profesional lo descubrió y le propuso hacer una serie de trabajos como modelo para un banco de imágenes.
András no lo pensó demasiado y aceptó la oferta de hacer una sesión de prueba. Ambos quedaron contentos con el resultado, por lo que el jubilado regresó al estudio para posar con distintos gestos y vestuarios. Tras un par de visitas, el fotógrafo creó un par de cientos de imágenes que lo tenían como protagonista: András posaba como médico, como oficinista, leyendo el diario o tomando café.
Las imágenes se utilizarían para ilustraciones genéricas de artículos y sitios web. Sin embargo, Arato solicitó que su rostro no se ligara a temáticas más delicadas como religión, política o sexo. Unos meses después de haber sido fotografiado, buscó su rostro en Internet para conocer el destino de las imágenes del banco.
Así, encontró su rostro ilustrando folletos de hospitales o artículos que lo mostraban como oficinista: el uso esperado para su trabajo. Sin embargo, un usuario de Internet no se fijó en su vestuario sino en un detalle más ínfimo, que había pasado desapercibido para el fotógrafo.
Los dientes blancos y parejos de Arato se dejaban lucir en una sonrisa algo forzada, que se sumaba a los surcos de sus ojos para darle un aspecto de sufrimiento reprimido. Así, los usuarios de Internet lo bautizaron “Hide the pain Harold”, que se traduce como “Harold oculta el dolor”. Con asombrosa rapidez, su foto comenzó a circular en foros y redes sociales, acompañada de distintas piezas de texto, conocidas como captions, que buscaban aportar una cuota de humor.
Había ocurrido. El ingeniero jubilado se había convertido un meme. “No estaba familiarizado con la palabra y tuve que buscarla en Wikipedia”, explicó el húngaro en una conferencia, luego de haber alcanzado la fama internacional. La definición que encontró se ajustaba a su propia historia: “Una imagen o video o parte de texto humorístico que es copiado y distribuido rápidamente por los usuarios de Internet”.
A Arato le molestó haberse convertido en meme. Después del shock inicial, tuvo el impulso de hacer desaparecer todas sus imágenes de Internet. Pensó en iniciar acciones legales para cerrar los sitios que mostraban su rostro, pero comprendió pronto que nada desaparece de Internet. “Si lograba cerrar un sitio, al día siguiente crearían otro igual”, relató.
Optó entonces por resignarse y esperar a que el tiempo lo arrastrara hacia el olvido. Supuso que sería cuestión de meses para conseguir que los usuarios se cansaran y tomaran otras imágenes como meme. Sin embargo, nueve años después su rostro se sigue compartiendo de forma masiva por las redes.
Algunos usuarios más despiertos lograron descubrir la verdadera identidad de Arato. Llenaron su casilla de correo con mensajes en los que pedían que se mostrara al mundo, para que los usuarios de las redes supieran que detrás de Harold había una persona real, viva, de carne y hueso.
Aunque en un principio rechazó la idea, terminó por compartir una foto de él mismo con un cartel escrito en ruso. “Internet explotó”, recordó el propio jubilado. Los usuarios celebraban al hombre detrás del meme y su nueva foto fue tan compartida que es imposible medirlo en estadísticas.
Tras aceptar que su fama no iba a desaparecer, András se decidió a explotarla. Creó perfiles oficiales en las redes sociales en las que recopilaba sus fotos con distintos gestos y vestuarios: un banco de recursos para los creadores de memes.
Pronto, comenzaron a llegar invitaciones. El jubilado empezó a viajar a conferencias a través de Europa, a charlas TEDx. Participó de programas de televisión en Hungría, en conciertos de rock, videoclips, cortos de cine y publicidades.
El ingeniero afirmó que haberse convertido en meme supuso un cambio dramático para su vida. No sólo hizo que sus días fueran más emocionantes sino que causó en él un cambio de perspectiva: su celebridad llegó por estar abierto a nuevas experiencias, por lo que decidió continuar con esa premisa.
Arato entendió que era necesario animarse a todo. Así, se inclinó por convertirse en operador de radio en una pequeña emisora de su localidad. También aprendió a pintar al óleo e hizo exposiciones de cuadros. Y comenzó a incentivar a otras personas a que se animen a probar nuevas rutinas y habilidades.
Aunque es popular entre millenials y centenials, aclara que muchas personas de su edad no llegan a entender los motivos de su fama. Pero eso no le pesa. “Es más divertido hacer reír a los jóvenes que escuchar a mis contemporáneos hablando de problemas médicos”, afirmó.