La idea, en su momento, era hablar de las expectativas respecto a la vuelta del tren de pasajeros para cubrir el trayecto entre Neuquén y Cipolletti. Pero la charla derivó en un hecho que, si bien lo tenía como protagonista junto al tren, significaba mucho más, ya que estaba relacionado con uno de los episodios más negros de la historia política argentina.
Godoy, quien ya se desempeñaba como peón del ferrocarril desde 1952, fue enviado el 16 de septiembre de 1955 desde Neuquén capital a la localidad de Ramón Castro, en el centro de la provincia, para practicar maniobras y el encendido de locomotoras. De manera sorpresiva y por orden del Ejército, en Ramón Castro la máquina que manejaba fue enganchada por otra locomotora para recorrer poco más de 20 kilómetros con destino a Zapala, donde se subieron armas a los vagones y se envió la formación a Buenos Aires, con el objetivo de contrarrestar la sublevación. La tarea de Godoy concluyó con la llegada a Neuquén, donde fue relevado por otro maquinista, en un operativo que no pudo concluirse, ya que ese tren fue atacado en Río Colorado por un grupo de aviones que había partido de la base naval de Puerto Belgrano.
Godoy posó con la nota que se le hizo a mediados de este año y volvió a rememorar hechos que quedarán guardados para siempre en su retina. "Nunca me voy a olvidar de ese día", dice. Tampoco deja de lado la pasión que todavía le despierta el tren, aunque anhela que el servicio se extienda desde Roca hasta Senillosa. "Es lo que se necesita, con el tren viaja mucha gente y es a bajo costo", advierte.