Con sus reposeras, heladeritas y canastas en mano, los vecinos se quedan en el pasto, comiendo algo, leyendo o simplemente charlando. No queda otra que llevarse las provisiones porque los vendedores ambulantes también escasean.
El Río Grande y el Gatica compiten entre sí por cuál tiene menos cantidad de gente en las horas del mediodía. Antes de la incesante llegada de vecinos, son pocos los neuquinos que eligen escuchar el ruido del agua y los pájaros, y apreciar el Limay con su quietud mientras disfrutan de un frugal almuerzo.