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Germán Ojeda es un profesor de música que vive en el Oeste de la ciudad y da clases en centros de menores, como también en diferentes escuelas. El pasado viernes por la mañana salió junto con su hija de 9 años, para que la pequeña conociera la nieve. Llegaron hasta el alto de las bardas y al llegar, las reacciones fueron muy diferentes.
La nena salió corriendo a jugar, a armar un muñeco blanco que hasta el momento solo había visto en televisión. En cambio, en Germán algo empezó a sonar en su cabeza, unas estrofas que canta desde que tiene memoria: el himno neuquino.
“Estaba ahí arriba, todo se veía blanco, era como estar parado en un balcón contemplando la ciudad entera. Entonces sentí que todo eso, el paisaje, nieve, montañas, ríos, está en nuestro himno. Eso me movilizó”, relató Germán a LMNeuquén.
Cautivado ante la situación y mientras en su cabeza sonaba “se bautizó en la gloria del agua cantarina venido de la nieve divino manantial”, una de las estrofas de la canción Neuquén Trabun Mapu, que inmortalizaran los Hermanos Berbel, se dio cuenta que necesitaba expresar ese sentimiento de alguna forma. Germán fue hacia su camioneta y revisó con qué instrumento andaba en ese momento. “Yo soy profe de música, por eso siempre tengo algo, guitarras, flautas, trompetas”, explicó.
Así optó por agarrar la trompeta, se paró de cara a la ciudad y comenzó a tocar las estrofas del Himno de Neuquén, al mismo tiempo que su pequeña hija seguía entretenida con la nieve. “Fue algo que sentí en el alma que tenía que hacer en ese momento y que era algo único que no íbamos a volver a vivir. Era un instante único, perfecto”, observó.
Cuando terminó fue a jugar con la nena para poder disfrutar de ese momento juntos antes de “congelarse” por el frío intenso y tener que volver a casa. “Algo que busco es generar en mis hijos y en mis alumnos es el sentido de pertenencia por nuestra tierra, por nuestras costumbres, por nuestra historia”, aseguró a LMN.