Tristemente, en este 2019, ya se alcanzó la cifra de 33 femicidios. Una número horroroso que demuestra la delicada situación que atraviesa la sociedad argentina y que tiene como víctimas a las mujeres. La última muerte fue la de Rocío Micaela Cortés, una joven de 24 que estuvo agonizando durante 15 días en un hospital luego de que su novio la rociara con alcohol y la prendiera fuego. Ella, para salvarse, debió tirarse a una pileta.
Leonel Barrios, su pareja, fue quien le quitó la corta vida a Rocío: en la casa donde vivían en El Jagüel, en el partido bonaerense de Esteban Echeverría, la roció con una botella de alcohol y la prendió fuego. Para apagar las llamas, la chica se arrojó a la pequeña pileta de lona que había en el patio delantero de la casa, pero aun así quedó con el 50 por ciento del cuerpo quemado, por lo que debió ser internada en el Hospital Santamarina, en Monte Grande, y luego fue derivada al Hospital Interzonal General de Agudos José de San Martín, de La Plata.
El homicida, quien huyó de la vivienda en su Fiat Duna color crema, se escondió en la casa de su padrino, donde fue detenido el mismo día del suceso por orden de la fiscal Verónica Pérez, de la UFI N° 3, especializada en violencia de género de Esteban Echeverría. Tenía en su poder un pasaje de micro a Pergamino y planeaba fugarse, pero sus familiares lo entregaron.
María Cortés, tía de Micaela, estaba en la casa cuando su sobrina fue agredida y contó que no se alarmó porque “era normal” que pelearan. Se dio cuenta de lo que había pasado cuando la vio salir en llamas. Cuando la Policía llegó al lugar, la joven estaba mojada, con quemaduras en el tórax y la zona abdominal. Sus vías aéreas estaban comprometidas y aunque mostró mejoras en las primeras horas de su internación, tras una agonía de 15 días con respiración artificial, sedantes y analgésicos, su cuerpo no pudo resistir las complicaciones de las quemaduras.
La causa contra Barrios fue recaratulada como “homicidio agravado por el vínculo y por violencia de género”.