Las moléculas que llegaron a la Tierra con el impacto de los meteoritos podrían haber dado origen a los “ladrillos” del ADN humano. De esto se basa un estudio realizado por un grupo de científicos británicos de la Universidad de York, coordinado por Paul Clarke.
Durante mucho tiempo se pensó que los ladrillos que componen la base del ADN, llamados aminoácidos, estaban presentes en la Tierra antes de que se formara la molécula de la vida. Sin embargo, esta nueva investigación indicó que las cosas podrían haber sucedido de otro modo: los científicos estudiaron los componentes orgánicos llamados aminonitrilos y demostraron que podrían haber sido los catalizadores los que generaron el estímulo que unió las moléculas orgánicas interestelares, tales como formaldehído, acetaldehído y glicolaldehído. Señalaron que las sustancias presentes en cometas serían capaces de iniciar la formación de una molécula fundamental del ADN: la desoxirribosa.
“Las moléculas base de los ladrillos del ADN deben haber llegado de cualquier parte. O estaban presentes ya en la Tierra cuando se formaron, o arribaron desde el espacio, con una lluvia de meteoritos”, detalló Clarke. Estudios anteriores demostraron que ciertas moléculas llegaron a la Tierra en el hielo de un cometa.
“Esto nos animó a ver si podían ser usadas para producir uno de los ladrillos del ADN. Si eso hubiese sido posible, entonces quería decir que un ladrillo estaba presente antes de los aminoácidos”, explicó el científico. Estas moléculas, combinadas, producen los carbohidratos, entre ellos, la desoxirribosa, pilar del ADN. “Demostramos que los ladrillos interestelares -formaldehído, acetaldehído y glicolaldehído- pueden ser convertidos en una suerte de ‘caldera’ biológica para los ingredientes de la vida”, sostuvo el investigador. Clark concluyó que “es un mecanismo plausible con el que las moléculas del espacio interestelar, llegadas a la Tierra con meteoritos y cometas, pueden ser transformadas en desoxirribosa, molécula fundamental para todos los sistemas vivos”
Teoría: La principal hipótesis asegura que los aminoácidos ya estaban en la Tierra.
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