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El patriarca de Chapelco ya tiene su propia estatua

En una emotiva ceremonia, Américo Astete conoció la estatua que emplazaron en su honor el año pasado en Chapelco. Fue uno de los pioneros del esquí en San Martín de los Andes.

A los 98 años, Américo Ateste, subió al refugio Graeff, ubicado en Plataforma 1700 del cerro Chapelco, y se encontró con una estatua hecha su imagen y semejanza en homenaje a su labor por ser uno de los pioneros que fueron parte de la historia del esquí en San Martín de los Andes.

La estatua de un hombre sentado contemplando la montaña nevada representa en su figura el reconocimiento a todos los pioneros de dieron el puntapié inicial de la actividad deportiva en esa localidad cordillerana.

En una ceremonia íntima, a la que asistió con sus familiares más directos, recibió el reconocimiento por iniciativa tanto de la administración del cerro Chapelco como del Club Lácar, del que supo ser dirigente durante años.

La estatua fue emplazada el año pasado, pero Astete ni se enteró. Pensaron que durante el verano siguiente sería conveniente que pudiera subir y llevarse una sorpresa. Su hijo Juan Carlos Astete contó que recién este último fin de semana lo pusieron en tema para que la emoción no le juegue una mala pasada antes de llevarlo al cerro.

La ceremonia que tuvo lugar en una cálida jornada fue muy íntima y emotiva. “Él estaba muy bien, lo disfrutó, se emocionó. Agradeció e incluso estuvo dentro del refugio”, dijo su hijo Juan Carlos Astete a LM Neuquén.

Américo Astete- Chapelco (Foto Diego Costantini) 2.jpg

Además, destacó la tarea del escultor a cargo de realizar la estatua. “Me había impresionado cuando la había visto, pero ahora con él al lado, más todavía porque es igual. Es un mérito del artista. Hizo un trabajo increíble”, aseguró.

El artista argentino Miguel Ángel Villalba, junto a su hijo Jerónimo, fue el encargado de realizarla. Se trata de una estructura de acero, con resina poliéster y cuarzo molido. Está sobre una de las históricas sillas dobles, uno de los primeros medios de elevación de Chapelco.

La escultura fue realizada en base a una foto actual de Don Américo. Cuando Don Américo la vio se sintió honrado y homenajeado, pero también se vio grande. “Podrían haberla hecha un poco más joven”, comentó entre risas a sus familiares quienes indicaron que se siente joven pese a sus 98 años.

“Hasta los 92 años esquiaba y nos daba miedo porque andaba muy rápido. Nunca logramos que se pusiera un casco, era un peligro. Luego se tuvo que operar por un derrame cerebral y los médicos le obligaron a que dejara de esquiar y de manejar”, contó su hijo.

Américo Astete- Chapelco- pionero 2.jpg

Américo Astete.

Los visitantes que suban al refugio y observen la figura de una persona mayor sentada contemplando la montaña verán la imagen de un hombre ya mayor que dedicó gran parte de su vida al esquí.

¿Qué significó Don Américo para el esquí?

“Lo digo con humildad, papá seguramente fue una de las personas que más trabajó en la historia de Chapelco desde su inicio, cuando Chapelco no era nada”, sostuvo Juan Carlos. Relató que a fines de 1945 un alemán de nombre Federico Graeff llegó a San Martín de los Andes. Con el conocimiento que traía de Europa, empezó a ilusionar y a convocar a jóvenes para enseñarles la práctica del esquí.

Por ese entonces en Chapelco no había más que un bosque. Donde el verde le daba paso al blanco de la nieve donde esquiaban y donde ahora está emplazada la estatua de su padre. Primero hicieron las pistas. Iban caminando desde el pueblo hasta ese lugar, pero como les llevaba todo el día, después hicieron ese refugio que se llama Federico Graeff, en su honor.

Américo fue uno de esos jóvenes que se sumó a la propuesta del alemán. Se apasionó por la práctica y difusión de la actividad deportiva a la que dedicó gran parte de su vida.

“Se dedicó toda la vida al esquí, fue durante muchísimos de años presidente del club. Muchas generaciones de jóvenes, entre ellos sus hijos, aprendimos el amor a la montaña, al esquí y a la nieve”, resumió Juan Carlos. “Se dedicó toda la vida al esquí, fue durante muchísimos de años presidente del club. Muchas generaciones de jóvenes, entre ellos sus hijos, aprendimos el amor a la montaña, al esquí y a la nieve”, resumió Juan Carlos.

Américo Astete- Chapelco- pionero.jpg

Américo Astete.

Destacó que “el homenaje que pretende hacer el cerro lo personifica en papá, pero es bastante más amplio, está bueno decirlo y reconocerlo. Es un reconocimiento a la historia de Chapelco, personificado en la figura de papá. Pero como un reconocimiento a los que todos, los que en los años ´40 y ´50 iniciaron la actividad, a todos los pioneros”.

En la misma línea se manifestó Don Américo en el acto del pasado fin de semana, tras las cálidas palabras de Juan Cruz Adrogué, presidente de Nieves del Chapelco S.A., por el homenaje; y a Federico López Jallaguier, Gerente de Marketing de Chapelco Ski Resort, e impulsor de la iniciativa.

“Quien tiene que agradecer soy yo. Si algo hice por el esquí en Chapelco fue porque lo disfrutaba y me gustaba. Quise seguir y compartirlo con todos. Ustedes trabajaron como yo. Mucho más, seguramente. Y este homenaje no es sólo para mí, sino para todos los que siguen trabajando por Chapelco. Me alegra y les agradezco mucho”, expresó Don Américo emocionado.

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La “lenga guacha”

Otro momento emotivo fue el de la plantar una lenga que era punto de referencia tanto para los esquiadores locales como visitantes. Hace unos años fue cortada por estar junto entre las pistas y plantaron una para evocarla.

“En el medio de una pista había una lenga guacha, que durante mucho tiempo fue un punto de referencia. Con el desarrollo, en algún momento en el cerro decidió cortarla, y a la familia se le ocurrió a la idea de plantar una”, añadió.

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La especie, característica del bosque andino patagónico, fue plantada a un costado del refugio Graeff por el propio pionero y sus familiares. “Fue muy emotivo, no quedó en el mismo lugar, sino cerca del refugio. Tiene un valor importante recuperar la historia de la lenga”, cerró Juan Carlos quien fue uno de los hijos que asistió a la ceremonia en compañía de sus hermanos Mario, María Susana, María Angélica y Verónica Astete, y de su nieta María Quiroga (en representación de Nancy).

Toda una familia vinculada al esquí, muchos de ellos representantes del equipo nacional en competencias internacionales y otros como instructores. Los nietos continúan el legado sobre las pistas tanto en San Martín de los Andes como en Europa y Estados Unidos.

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