{# #} {# #}

ver más

El pochoclero que es parte del paisaje de Las Grutas

LAS GRUTAS

Corría el año 1998 y ALPAT (Alcalis de la Patagonia) aún estaba en construcción. Un sinnúmero de obreros especializados en distintos rubros llegaron a San Antonio desde varios rincones del país y de otras partes del mundo para sumarse a la obra de esta empresa productora de carbonato de sodio, la única de Sudamérica. Entre ese enjambre de operarios estaba Pedro Antonio, un soldador profesional oriundo de la ciudad bonaerense de San Nicolás.

En esa empresa -que actualmente pertenece a Cristóbal López-, “Pyter”, como lo conocen, se desempeñó hasta que ya no requirieron más de su aporte.

Pero ni por asomo se le ocurrió marcharse. Se había enamorado de la paz que regala el mar y, especialmente, de Las Grutas.

Divorciado y con edad de jubilarse, decidió radicarse en la villa balnearia y buscar un empleo para fatigar las horas de ocio. Quería algo no muy sacrificado y que lo mantuviera ligado al entorno natural. Surgió la alternativa de vender pochoclos en la playa para una firma local.

Eso fue hace 15 años, y aún sigue en la tarea, aunque ya no de empleado, sino que posee dos carros que él mismo fabricó. Se lo puede ver con uno en la Tercera Bajada.

Reconoce con una sonrisa amplia que, a lo largo de tantos veranos, ha visto “de todo: parejas teniendo sexo, discusiones, peleas”.

Uno de sus máximos placeres son las caminatas matutinas por la costa en compañía de su novia de San Antonio. Admite que a veces lo ataca la nostalgia y piensa en volver a su pueblo, donde tiene hijos, nietos y el resto de la familia. Pero el amor que encontró aquí lo tiene aferrado.

Gasoleros

Pyter predice la temporada

El pochoclero dice que la temporada se perfila como el verano pasado: “Entra gente el jueves y se va el domingo”. Sostiene que hay poco dinero y que lo siente por vender un producto que no es de primera necesidad.

Te puede interesar