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El primer transporte escolar de Neuquén

Una chata carguera recolectora de frutas y la iniciativa de un grupo de colonos dieron origen a lo que puede considerarse primer Transporte Escolar de Neuquén.

Una chata de campo adaptada para que los chicos pudieran llegar a la Escuela n° 101 de la entonces Colonia Valentina, hoy Valentina, es considerado el primer transporte escolar de Neuquén. Corría la década del '50, en un paisaje de chacras, donde durante más de diez años este vehículo marcó sus travesías y frecuentes faenas.

La chata era una especie de carro tirado por caballos y de cuatro ruedas, las traseras generalmente más grandes que las delanteras. Solían tener laterales o formas de cajón de madera para transportar las cargas, aunque adecuadamente modificada servía como transporte grupal de personas.

Carlos Agúndez Schiel, hijo de uno de los vice directores de la Escuela 101, guarda gratos recuerdos de aquellos días escolares. "La Sra. Alicia Vega de González le había pedido a su hermano que era comisario, que le diera permiso al por entonces Policía de Territorio Domingo Pincheira, para que saliera todas las madrugadas a pasar a buscar a los pibes para llevarlos a la escuela", contó.

La Escuela 101 cumplió 95 años, en este 2020 de pandemia y aislamiento, lo que impidió que la comunidad educativa se reuniera, como frecuentemente lo hacía, para celebrar un nuevo aniversario de un proyecto educativo sostenido que dio buenos frutos.

Magali Pincheira es una de las hijas de Domingo, el conductor de la chata, contó: “Mi papá por cinco o diez años llevó a los chicos a la escuela. Lo recuerdo levantándose a las cinco de la mañana para buscar a los niños. Nos contaba que algunos chicos se escondían en los canales cuando los pasaban a buscar para que no los llevaran a la escuela. Mi papá era el “Policía de bicicleta” de Neuquén que si hoy incluso le preguntas a alguien por Pincheira acá, casi todos los recuerdan. Era un personaje y era famoso por los asados que hacía. Muy buen asador”.

Un poema escrito por uno de aquellos alumnitos pasajeros, de apellido Riquelme, de aquel pintoresco transporte recrea en sus estrofas:

“Hoy recuerdo en las mañanas,

perfumadas de frutales,

blancas palomas que salen,

muy temprano de su hogar,

en esa chata escolar con cuatro filas de asientos”.

Desde muy temprano, como dice el poema, un sargento rienda en mano guiaba a su caballo, bayo a veces y otras un tordillo tirando de la chata carguera. Molina, Di Marco, Aurora y muchos nombres más, de niños que hoy ya son abuelos, eran los habituales pasajeros a quienes pasaban a buscar por casas de grandes patios y hornos de ladrillos y una estampa del ayer que hoy poco nos costaría imaginar.

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Uno de esos niños era Jorge Abdala, hoy contador retirado, recordó cómo empezó todo: "Los padres de la Colonia Valentina Norte preocupados por el traslado de los chicos, ya que la única forma de llegar a la escuela era a caballo, bicicleta o una enorme distancia a pie, se organizaron para comprar una chata carguera de esas que se utilizaban para la recolección de fruta. Carrozaron la chata y pidieron colaboración a la policía para el transporte cotidiano".

La chata se acondicionó para la función de transporte, se le fabricó un toldo de madera marrón oscuro (otros recuerdan un toldo de lona), se corrieron los asientos a cada uno de los costados y se agregó a la mitad uno doble para transportar a todos los chicos, cuyo número, no obstante, no sobrecargaba la capacidad para que pudieran viajar cómodos.

"El transporte hacía noche en la chacra de mi padre Don Segundo Abdala, hasta que temprano por madrugada, venía a retirarla el policía para llevar al turno mañana, retornaba a las 11 a buscar los pasajeros del turno tarde y regresaba ya con los chicos del turno matinal y por la tarde volvía finalmente a retirar a los del último turno. El recorrido era bastante largo porque comprendía las chacras de arriba y además tomaba por el camino que nosotros le llamábamos “El Canal Cinco” en memoria al canal de riego hizo prosperar toda la Confluencia", agregó Jorge.

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Otro de los niños que vivió los avatares de ese dulce ayer fue el Gaucho Frades, que conduce el programa “Herencia de Tradición” por LU5. Sus recuerdos de la chata escolar son de admiración y cariño.

"Anécdotas hay un montón, hay que tener en cuenta que en ese entonces no había luz eléctrica en la zona y nos alumbrábamos con kerosene. Estaba tan oscuro que no se veía venir la chata, era más fácil ver las chispas que los cascos herrados de los caballos hacían en las piedras que la llegada del transporte", añadió.

Frades recordó que habían fabricado una bocina tremenda para cuando los pibes se quedaban dormidos que al final terminaban despertando a todos los otros vecinos y para alumbrarse, cuando no había kerosene, se hacían unas antorchas con grasa y trapos que se llamaban “chonchón”.

"Hay una anécdota de Pereco Di Marco que se quedó dormido junto a la antorcha prendida esperando la chata y cuando llegaron por él había quedado todo tiznado. Se quiso lavar la cara en el agua helada del canal y quedó peor. Esa anécdota quedo para siempre", agregó.

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"Después estaban los chicos que venían del otro lado de La Balsa a quienes los cruzaban también en botes cuando se les pasaba el horario del balsero. El recorrido lo tenían que hacer de a pie hasta la escuela. Por aquella época, antes de las represas en los meses de agosto y septiembre Valentina se inundaba y los chicos se quedaban sin ir a la escuela. Las familias hacían muchos esfuerzos para que sus hijos pudieran estudiar”, rememoró.

Lamentablemente no quedan fotografías de entonces y debemos recurrir a otras imágenes de la época para darnos idea la chata carguera, que, junto con las jardineras, sulkys y carros antiguos, constituyeron los primeros medios de locomoción en las áreas rurales y semi urbanas de las primeras colonias y pueblos de nuestra región.

En el sistema educativo existe una premisa que se advierte de inmediato en el corazón de esta historia: “Para educar se necesita del otro”, es la interacción del esfuerzo de las comunidades en conjunto con las políticas educativas claras lo que permite convertir todo esfuerzo en un propósito de desarrollo social.

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