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El recuerdo de Fito Teverna y de Ricardo y Enrique Sapag

Serena Gutiérrez conoció el perfil militante que tenían y del que ni siquiera sus familias estaban al tanto.

NEUQUÉN

Serena Gutiérrez reconoce que todos los días piensa en la posibilidad de que su compañero esté con vida, más allá de que pasaron 41 años desde que fue secuestrado durante la última dictadura militar. Pero ese sentimiento o ilusión se hace más fuerte cada vez que se recuerda un nuevo aniversario del golpe militar de 1976.

Rodolfo “Fito” Teverna la había cautivado desde el primer día que lo conoció, en la Universidad de Neuquén, en 1971, cuando ella apenas era una adolescente.

Recuerda que en ese contexto de militancia y ebullición política se eligieron mutuamente para compartir la vida. No se imaginaban en ese entonces que aquella historia de amor terminaría mal, de la peor manera. Madre de dos hijos (uno recién nacido), Serena estuvo a punto de correr la misma suerte que Fito, pero el destino le dio una chance de seguir con vida.

Militantes de Montoneros, tanto ella como su compañero, conocieron a muchos neuquinos que compartían los mismos ideales.

Tuvo la oportunidad de compartir charlas y buenos momentos con Ricardo y Enrique Sapag, los hijos de Don Felipe y también otros neuquinos que corrieron la misma suerte que Fito. Conoció el perfil militante que tenían y del que ni siquiera sus familias estaban al tanto. “Como la mayoría, eran muy solidarios”, aseguró.

Recordó que ya en plena democracia un dirigente muy conocido de Neuquén, Ramón “el Turco” Jure, la llamó por teléfono para decirle que el gobernador Felipe Sapag quería hablar con ella.

En ese encuentro que tuvo con él y su esposa Chela se enteró de que lo que quería Felipe era saber más de sus hijos, de cómo había sido aquella vida en la clandestinidad, qué pensaban y qué hacían.

“Fue un encuentro muy emocionante en el que lloramos varias veces”, aseguró. Dijo que más de una vez Felipe interrumpió la charla para abrazarla y agradecerle.

Le relató una vez que Ricardo cuidó de su hija, cuando había sufrido un accidente y estaba internada en un hospital de Buenos Aires. “Lo hizo con todo el cariño que tenía y se pasó noches enteras con la nena”, dijo emocionada. También le contó al gobernador la generosidad de su hijo Enrique, el día que le dio una importante suma de dinero a otra compañera que estaba en problemas. “Esa plata se la había enviado Felipe para poder exiliarse en España; él prefirió quedarse en el país. A los pocos días lo mataron”, recordó.

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