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El sueño de volar con sus cuerpos pintados

Son dos de las pocas mujeres que practican paracaidismo en Neuquén.

PABLO MONTANARO

montanarop@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN

“Hasta los 40 años, por temor, nunca me había subido a un avión”, confiesa Marcela Gallardo (42), quien hace dos años y medio llegó a Neuquén, donde logró vencer el miedo a las alturas y ahora se muestra orgullosa de semejante logro: volar por el mundo y practicar paracaidismo.

“Soy geóloga y me mandaron a Neuquén. El hecho de no conocer a nadie me llevó a hacer algo y me anoté en paracaidismo”, cuenta Cecilia García, de 31 años, con cinco viviendo en esta ciudad.

Marcela y Cecilia se conocieron en los cursos del Club de Paracaidismo y Rescate del Neuquén. Son dos de las cinco mujeres paracaidistas que se encuentran en actividad en la zona. Hace un tiempo formaron la agrupación Las Robertas de Neuquén, cuyo objetivo es hacer algo distinto en los saltos a más de 3000 metros de altura y a 200 kilómetros por hora, vistiéndose como bailarinas del Moulin Rouge o como cisnes blanco y negro. Ahora, ultiman los detalles para llevar adelante su próximo desafío: saltar en body painting, es decir, llevando en el cuerpo una pintura artística.

El trabajo de su marido obligó a Marcela a dejar su Comodoro Rivadavia natal para instalarse en Neuquén. Lejos de sus afectos, el accidente en auto de una de sus hijas, quien logró sobrevivir tras varias operaciones, la sumergió en una depresión que parecía no tener salida. “Todo eso me llevó a buscar algo que me sacara del pozo”, cuenta Marcela. Hasta que el día que cumplía 40 años tomó coraje, viajó a Bariloche y decidió “regalarse” un salto de bautismo. “Me dije: ‘este miedo a la altura no me va a ganar, tengo que hacer algo’”, comenta. Marcela se subió a un avión llorando del miedo que tenía, y cuando se abrió la puerta cerró los ojos, siguió llorando, pero esa vez por haberse “decidido a saltar”.

Ese primer vuelo acompañada por un instructor fue a 3500 metros de altura, y desde entonces Marcela se apasionó por esta práctica. Lleva casi 190 saltos en Argentina, Chile, Brasil y España, y participó de grandes formaciones. También realizó dos saltos en globo en Boituva, Brasil, uno de los paraísos para practicar paracaidismo.

“La sensación del primer salto fue increíble. Pensé: ‘si me puedo tirar de un avión, cómo no voy a poder presentar un proyecto en mi trabajo’. Te brinda una sensación de superación personal que está buenísimo”, cuenta Cecilia.

“Somos locas que soñamos permanentemente en volar”, confiesan con una sonrisa. Los fines de semana saltan para entrenar y así “lograr ciertas cosas como el agarrarse o dar vueltas; es como nadar en las alturas”, describen. Coinciden en que el paracaidismo se convirtió para ellas en una “adicción” porque todo el tiempo están pensando en el dinero que necesitan para ir a saltar a algún lugar especial para ello.

“No hay edad límite para practicarlo”, responde tajante Cecilia cuando le pregunto hasta cuándo se tirarán. Pone como ejemplo a su madre, de 75 años, quien una vez la acompañó a un salto en Brasil y terminó tirándose con ella. “Le pregunté si quería saltar conmigo y le pareció interesante a pesar de la oposición de mis hermanas que temían un infarto”, acota.

Además de poder saltar con sus cuerpos pintados, cada una tiene en mente su deseo: Marcela quiere participar de una formación de 70 personas en Ecuador y a Cecilia le gustaría volar en traje de alas.

¿Y el miedo? “Lo pudimos dominar. Pero está presente, porque si bien el paracaídas cuenta con instrumentos de seguridad, no deja de ser manejado por humanos y las cosas ocurren por fallas humanas”, explican. “No es sólo saltar, porque cuando saltás estás aprendiendo a volar, te movés, das vueltas, te sentás y abrís las piernas en el aire”, concluye Marcela, quien afirma que esas sensaciones permanecen en su cuerpo tras haber volado.

Opinión

Seguridad y diversión en lo más alto

Guido Muñoz- Instructor Club Paracaidismo y Rescate del Neuquén

El paracaidismo es un deporte de aventura que lleva a experimentar sensaciones que jamás uno haya sentido, da la sensación de volar y absoluta libertad a más de 200 kilómetros por hora en caída libre, para luego abrir el paracaídas y disfrutar el entorno desde lo más alto.

Muchos egresados de nuestra escuela han participado en récords nacionales e internacionales, en el Mundial de Paracaidismo realizado en Dubai, o simplemente saltando por diferentes zonas del mundo en sus diferentes disciplinas (freefly, TR o wingsuit).

La mayoría de los que practican paracaidismo son hombres, pero esa tendencia está cambiando. Un claro reflejo de esto es el número de mujeres paracaidistas que practican esta disciplina en nuestra zona y en el mundo. En el Alto Valle tenemos cinco paracaidistas mujeres que se encuentran en actividad, dentro de las cuales están Cecilia García y Marcela Gallardo que, más allá de subirse a un avión y saltar, le encontraron una forma diferente de realizar la actividad con seguridad y diversión, planificando cada tanto un salto temático o festejar algún logro o meta de manera especial.

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