El universo Aristimuño

Lisandro Aristimuño, el ecléctico cantautor rionegrino, volvió a salir a escena con "Mundo anfibio", su quinto álbum. Creando una infinita constelación de paisajes con sus canciones, el músico reafirma su convicción por la independencia de su arte y profundiza su compromiso sociopolítico.

Por Lucas Benjamin

Buenos Aires > Hace poco más de diez años que Lisandro Aristimuño, lejos de su Viedma natal, decidió desembarcar en Buenos Aires con el sueño de vivir de sus canciones.

Tras un breve paso por Mendoza donde estudió composición, el artista patagónico arribó a la Capital Federal, donde se inscribió en la carrera de maestro jardinero. Las diez canciones de "Azules Turquesas" (2004), su primer disco, florecieron llenas de morriña de tal manera que lo hicieron abandonar el cursado. Apenas un año después, también editado por el sello Los Años Luz, el rionegrino vio prosperar su obra con "Ese asunto de la ventana" y como para finalizar el homenaje a su tierra, germinó "39°" (2007).

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Seguro de su condición de artista independiente y afianzado bajo una cuidada autogestión, el mixturado compositor cambió de dirección y apostó por encontrar nuevos espacios donde hacer crecer sus canciones. Así construyó "Las crónicas del viento" (2009), un disco doble editado por su propio sello discográfico que vio la luz con la premisa de retratar el devenir de su infancia.

A una década de su llegada a la caótica gran ciudad, el rionegrino continúa desafiando a lo preestablecido y acaba de concebir su quinto trabajo de estudio, "Mundo anfibio", un disco altruista donde desde su propia piel intenta llamar la atención de aquellas personas que no logran decidir por completo sobre sí mismas y terminan siendo rehenes de una “cadena de montaje”.

"Mundo anfibio", con la excelsa colaboración de Mollo, Hilda Lizarazu y Nekro, es un claro manifiesto artístico acerca de la voluntad del sureño de buscar movilizar con sus canciones los ánimos políticos de cada una de las personas que decidan detenerse a escuchar su nuevo trabajo.
 
En abril lanzaste "Mundo anfibio", ¿cuál es el mensaje que querés transmitir con ese título?

Lo que quiero transmitir es el concepto de la mutación y de lo que el ser humano tiene que hacer para poder adecuarse a algunas cosas que tiene este sistema en el que vivimos. Se me vino a la cabeza un anfibio, que puede vivir en la tierra y en el agua, incluso anfibio significa doble vida. Creo que a menudo sucede que  la gente trabaja de algo que lo sustenta económicamente y después hace lo que realmente le gusta. Para mí tuvo mucho que ver eso en "Mundo anfibio", porque nos tenemos que adaptar todo el tiempo para poder ser felices y no caer. Empecé a escribir acerca de eso y sobre todas las cosas que están muy establecidas. Tengo en claro que no quiero seguir la cadena de montaje y me parece que cada uno desde su lugar puede cambiar las cosas. A mis treinta y tres años lo puedo hacer, porque creo en la vida y creo que las cosas pueden suceder.

 En el disco tenés como invitados a Mollo, Nekro e Hilda Lizarazu, ¿por qué ellos y no otros?

A veces pienso que soy más un productor general de un disco que un instrumentista o buen cantante, y siempre cuando busco los invitados pienso en las canciones y en los personajes. Lo curioso es que tengo la suerte que los invitados se interesen. Con Nekro hicimos “How Long”, donde hay una frase que dice “o acaso también se paga”, que es una buena frase punk y con él la afinidad más grande fue la ideológica porque encontré un hermano que está haciendo lo mismo que yo. Con Mollo también nos une una cuestión similar y el  tema en el que él canta habla de la prensa, algo que le pasó a Divididos también, que fueron engañados al principio y ahora reconocen el error, no se hacen los boludos como tanta gente. Lo de Hilda también fue un poco así. En la canción dice una frase como si fuera una especie de hada madrina y de alguna manera me quise poner en ese traje y pensar que ella me cuida.

El disco es tu quinto álbum en diez años, ¿en qué momento te encuentra?

Creo que hay una maduración y como soy compositor de las canciones, el disco es como un diario íntimo de lo que voy viviendo. Fui padre hace muy poco y lo de "Mundo anfibio" tiene mucho que ver con eso también. Todo va madurando y la música también, por suerte no soy un tipo que se queda escuchando lo que le gustó siempre. Estoy todo el tiempo investigando, bajando música y también tiene que ver que ahora tenga mi sello discográfico. Me gusta mucho la música aparte de ser músico. En "Mundo anfibio" tal vez intenté ser más caótico, menos dulce, aunque me gusta que la gente me diga que mi canción la hizo llorar o que acompañó una relación muy fuerte. Al principio no me gustaba pero me di cuenta después  que es muy importante porque en algún punto reivindico el amor.
 
Repasando tu carrera, uno se encuentra con que el número de gente que te sigue ha ido creciendo, ¿que valoración le das a ese proceso?

Me enoja muchísimo la gente que me dice “yo te iba a ver cuando éramos doce”. Me parece algo muy retrogrado de parte de la persona y hasta creo que la persona se considera más importante que mi música. Entonces me encanta que mis canciones lleguen a más personas. Me doy cuenta que en mis shows hay más gente porque se venden más entradas. Cuanta más gente lleve, mejor,  y cuanto más dinero tenga para poder seguir haciendo esto, mejor para mí. Si yo no hubiese ganado dinero tendría que haber hecho la doble vida del anfibio para hacer mi música.
 
Tus primeros discos hablaron mucho de la Patagonia, ¿ya se terminó tu desprender del Sur?

Creo que eso no se termina nunca. Al principio fue muy duro y hablé mucho de eso sin pensarlo en mis primeros tres discos. Después se equilibró porque empecé a vivir de mis canciones y esa es la felicidad más grande del mundo. A la vez le agradezco mucho a Buenos Aires porque gracias a ella tengo cinco discos. En el sur no lo hubiese podido lograr. Cuando me fui de Viedma estuve en Mendoza donde intenté estudiar composición y dejé a los tres meses,  pero me sirvió porque me di cuenta que no me gustaba estudiar la música desde un lugar matemático.

Cuando llegué a Capital Federal me puse a estudiar para maestro jardinero y me estaba yendo bárbaro hasta que salió "Azules turquesas", que anduvo muy bien. El sello Los Años Luz me dijo de sacar otro disco y saqué "Ese asunto de la ventana". Por eso dejé la carrera pero en realidad también vine bajo esa inquietud de necesitar trabajar de lo que sea.
 
Cuando comenzaste a concretar proyectos y empezaste a vivir de tu música, ¿qué rescataste de los años donde hacías canciones de otros?

Creo que toqué en todos los casinos de la Patagonia pero siempre saco lo bueno de todo eso. Me di cuenta cuán bajo puede llegar la persona que está en el casino, hasta qué grado puede escuchar música y la forma que tiene de tratar a los músicos. Yo llegué a ver la mirada discriminadora de esa “vieja o viejo de mierda” hacia un músico y eso a mí me sirvió para saber lo que el público es también capaz de hacer con el músico. En otros países hay otro respeto por los músicos. Acá sucede eso que digo, “a mí me gustaba Lisandro cuando éramos doce, ahora es re careta”. Además como si estuviese mal que te vaya bien en tu oficio y ganar plata. A un doctor le va bien y es un genio, a un músico le va bien y es un careta.
 
Pudiste presentarte muchas veces no sólo en Buenos aires sino en todo el país, ¿Cual creés que fue la clave para ir teniendo esos espacios?

Creo que hay que ser sincero con la música que hacés. Es cierto que hay pocos lugares para tocar pero si tu música no gusta y si no haces una autocritica de eso, es muy difícil cambiar el panorama. Creo que lo fundamental también es trabajar para que eso que haces esté mejor. Trabajo todos los días para que mi música esté mejor. Al ser complicado que los músicos puedan vivir de lo que hacen sucede lo del anfibio, que es real pero de eso no tiene la culpa la música ni el bolichero, la culpa de eso la tienen los políticos y el sistema en el que vivimos. Por eso también me molesta que la gente no se comprometa con la política. ¿Cómo vas a decir que no te interesa la política si son los tipos que están liderando todo el mundo,  que cortan y recortan todo? Como músico estoy híper comprometido con lo social y la política y haciendo un disco estoy haciendo política.
 
Hace una década que te radicaste en Capital Federal, ¿qué  lograste en todo este tiempo y que considerás que hiciste mal?

Algo que estuvo mal y me arrepiento fue tocar para Mauricio Macri en la Costanera Sur. Me arrepentí porque considero que es una persona extranjera, que no sabe lo que es vivir acá, vive en su nave, en su barrio privado. Es un extranjero. Cosas de las que me siento orgulloso es tener una hija y poder vivir de mis canciones. Puedo mantener mi hogar con mis canciones y eso es más que cualquier otra cosa, porque es mi vida. Soy feliz de que mi hija tenga cuatro paredes y una cuna  gracias a “Me hice cargo de tu luz”. ¿Qué más puedo pedirle a la vida?

Su maestro, Fernando Barilá

Antes de su desembarco en Buenos Aires, Lisandro formaba parte de una banda liderada por el músico Fernando Barilá. Entre tanto viaje y tanta ruta, ambos construyeron una amistad atravesada por miles de historias que marcaron el camino de ambos.

“Fernando me enseñó muchísimo. Él piensa que a mí me da vergüenza lo que yo hice con él pero eso es un problema de él. Lo que hacíamos era como un circo. Poníamos las luces arriba de la combi, las cajas de sonido, las guitarras, las valijas de ropa y siempre un colchón doble arriba por si no conseguíamos donde dormir. Recorrí toda la Patagonia gracias a Fernando y muchas de las letras de mis discos tienen que ver con esos viajes. Él es un genio, fue mi maestro, respeta mucho la música, sabe lo que significa. Es un hermano para mí y es una persona que adoro”.

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