POR ANA LAURA CALDUCCI /calduccia@lmneuquen.com.ar
Ayahuasca, bufo, kambó, yopo y la lista sigue. Todos son alucinógenos naturales, muchos de ellos utilizados por pueblos originarios de América, que se usan cada vez con más frecuencia en la región para rituales o “retiros espirituales” que se promocionan por las redes sociales. Se los vende también como “medicinas milenarias” capaces de curar múltiples dolencias.
Sin embargo, pocas veces se advierte que se trata de drogas que alteran funciones vitales y pueden llevar a una persona al hospital.
Ante la difusión cada vez más amplia de talleres y ceremonias de consumo de estas sustancias en Neuquén, desde el área de Toxicología del hospital Castro Rendón elaboraron una guía interna para que los médicos estén atentos a un fenómeno del que se sabe poco.
En el último año, ya hubo tres de estos encuentros en nuestra ciudad, todos publicitados por Facebook.
En varias convocatorias se afirma que estos alucinógenos “no son drogas” y siempre los presentan como terapias o medicinas naturales, basadas en “la sabiduría ancestral”, “un alto potencial vibratorio” o un proceso de “limpieza espiritual”.
También aparecen asociados a promesas de curar la depresión, aliviar enfermedades crónicas y calmar los dolores.
Hasta ahora, ninguna de esas capacidades de sanación tiene aval médico. Además, todas las sustancias psicoactivas que se promocionan pueden provocar intoxicaciones agudas, una alternativa que no se menciona en ninguna de las publicidades.
Horacio Trapassi, jefe de Toxicología del Castro Rendón, contó que recientemente elaboraron una suerte de guía para estar preparados ante este fenómeno, porque la atención urgente del paciente es crucial para su evolución.
Recalcó que “no condenamos ni buscamos emitir juicios de valor sobre ninguna cultura o experiencia espiritual que quiera tener una persona, sino que desde nuestro lugar de Salud nos preocupan los efectos adversos”.
Señaló que, al ser sustancias poco estudiadas, tienen el riesgo adicional de que hay escasa bibliografía disponible sobre cómo tratar a un paciente que terminó con secuelas inesperadas.
“En las guardias estamos acostumbrados al alcohol, la cocaína y la marihuana y la idea es saber que podemos tener personas con determinados efectos, aunque aún no tenemos una guía de tratamiento porque todavía falta información”, agregó.
Indicó que la principal recomendación “es no probar nada que pueda resultar tóxico” y, en caso de buscarlo por un motivo de índole religioso o espiritual, “cuidarnos y no aceptar algo si no sabemos bien de qué se trata y qué nos puede pasar”.
Señaló que, en el caso de los alucinógenos que se promocionan, “se consumen a ciegas porque tienen efectos adversos y no hay dosis estudiadas, o sea, no se sabe en qué cantidad son más peligrosos o la interacción que pueden tener”.