Las Grutas. Recomiendan a quienes no tengan conocimiento de la marea asesorarse antes de internarse en vehículo. Hay guardavidas que pueden brindar ese servicio. Ha sucedido que rodados quedaron enterrados en el fango.
El visitante desprevenido se sorprenderá cuando advierta que la ría de San Antonio no es la misma a como la conoció en una oportunidad anterior. Habrá visto un mar sereno, sin olas, con decenas de barcos flotando en el muelle de pescadores. Pero luego se encontrará con un extenso desierto de arenas húmedas, surcado por un canal cuyas aguas corren a reencontrarse con el océano, y las embarcaciones estacionadas en seco.
No hay error de visión. Es la naturaleza misma, que en esta parte de la costa atlántica expone una diferencia de mareas tan notable que deja dos paisajes distintos todos los días.
En pleamar el nivel de las olas llega a su punto más alto. Es cuando se agiliza la navegación con los buques que parten en busca de capturas o llegan con sus bodegas repletas de pescados o mariscos. También se aprovecha para el esparcimiento en los balnearios Los Tamariscos, barrio Ferroviario y Punta Verde. En cambio la bajamar es otra postal. El agua se retira hasta dejar un canal mínimo en su parte media, donde concluyen innumerables arroyitos entre los que abundan orificios habitados por pequeños cangrejos.
Los conocedores de la zona se internan hasta el cauce en vehículos sorteando lodazales que pueden provocar empantanamientos.
En el lugar buscan los remansos donde pegarse chapuzones o pescar con redes cornalitos que luego fritos son una delicia. Muchos niños capturan estos pececitos y hacen de un momento recreativo una actividad lucrativa, venden lo logrado en paradores que luego ofrecen a la clientela como productos frescos.
Para evitar un dolor de cabeza
Recomiendan a quienes no tengan conocimiento de la marea asesorarse antes de internarse en vehículo. Hay guardavidas que pueden brindar ese servicio. Ha sucedido que rodados quedaron enterrados en el fango.