En el receso, las incorporaciones de Lucas Alario y Tabaré Viudez fueron dos decisiones acertadas del Muñeco. Los juveniles le dieron a River dos momentos históricos. Viudez marcó en la noche de su debut el gol que le daría el pase a la final. Y el otro, Alario, anotó el primer gol en la coronación ante Tigres. Era agosto y parecía que el Millo, dueño de América, se llevaba el mundo por delante.
Pero después de ganar la Libertadores, el recambio de jugadores, el desgaste, la intención de sostener la Sudamericana y la distracción que genera soñar con el Mundial de Clubes cambiaron todo.
El Torito Cavenaghi se fue a retirar lejos de su tierra y de su camiseta, Teo Gutiérrez cumplió la promesa tantas veces hecha de irse a jugar a Europa, Ramiro Funes Mori, que se supo ganar el corazón del hincha, también dejó un espacio grande.
A cambio, volvieron antiguas glorias: Aimar, que jugó poco y al tiempo se retiró, el Conejito Saviola, que no tiene la continuidad que necesita pero ha hecho varios pases de gol, y Lucho González, que de a poco va recuperando su nivel de juego. Nico Bertolo fue otra de las apuestas de Gallardo, pero tras lesionarse en su debut no pudo demostrar un buen rendimiento.
Lo cierto es que después de Japón, River no ha vuelto a jugar como antes. Y desde la derrota con Boca en el Monumental, ya sumó cinco sin ganar en casa. La lesión de Alario y la poca continuidad de Viudez no ayudan a que el equipo pueda levantar cabeza, un objetivo necesario para seguir copándose.