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Ante una Plaza San Pedro vacía, el papa Francisco encabezó un inédito Vía Crucis en el Viernes Santo y le dio la palabra a ex detenidos, hijos de personas encarceladas y personal de un penal del norte italiano.
El avance de la pandemia del nuevo coronavirus y la medida del aislamiento obligatorio continúa generando escenarios atípicos. Así, el Viernes Santo en El Vaticano se desarrolló sin los centenares de fieles que acostumbra. De hecho, el sumo pontífice encabezó la celebración solamente junto al ceremoniero Guido Marini, 10 personas más que participaron de la celebración y un puñadito de periodistas. En otra de las situaciones peculiares, la autoridad cristiana no pudo ir al Coliseo para el Vía Crucis, algo que no sucedía desde el 2005 cuando Juan Pablo II faltó por primera vez en sus 26 años de pontificado debido a las complicaciones de salud que días después lo llevaron a la muerte.
Con rostro notablemente compungido, Francisco inició la misa frente al crucifijo que, según la tradición católica, salvó a Roma de la peste del siglo XVI y al que el pontífice le encomendó el fin de la pandemia. La cruz simbólica de la celebración, que fue cargada en estaciones dispuestas alrededor del obelisco de la Plaza San Pedro y en las escalinatas que llevan hacia la Basílica, fue llevada por dos grupos de cinco personas, uno de la prisión que se encargó de escribir las meditaciones y el otro de enfermeros y médicos del Vaticano, en un homenaje del Papa al personal hospitalario que pelea contra la pandemia. A su vez, el líder reliogoso cedió el protagonismo a los escritos y no dio el discurso que estaba previsto en el libreto oficial de la oficina de celebraciones papales. Las meditaciones leídas en cada una de la estaciones fueron propuestas por la capellanía del Centro Penitenciario "Due Palazzi" de Padua.
Por la mañana, Francisco inició el Viernes Santo en la basílica de San Pedro, donde, postrado tres minutos en silencio en el piso, dio el primer paso para la celebración de la denominada "Pasión del señor", que se caracteriza porque el Papa no la predica y se limita a escuchar la homilía del predicador de la Casa Pontificia. En este caso, Raniero Cantalamessa la brinó.
Protección Civl de España informó ayer que la cifra de muertos por el nuevo coronavirus en las últimas horas en su país fue de 570 personas. De esta manera, la cantidad de víctimas fatales por el COVID-19 ascendió a 18.849. Además, la entidad indicó que se reportaron 3.951 casos nuevos y así, la totalidad se elevó a 147.577.
Por su parte, el Gobierno resolvió decretar una prórroga en relación al confinamiento y el mismo se extenderá hasta el 3 de mayo. Igual, desde el 14 de abril, algunos negocios abrirán.