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Con un vocabulario simple, alejado de pomposidades y cercano a los códigos del sacrificio, la disciplina y el bien hacer que el sentimentalismo recordó que su progenitor trabajó durante 35 años como chofer de camiones, lo cual impidió que pudiera verlo debutar en Primera.
“Yo jugué en Boca y no me vio. Andaba trabajando”, dijo el Cabezón. Su vínculo era tan fuerte con su familia que los primeros viáticos que cobró los destinó a comprarle un regalo a su papá: “Un día fuimos a Once todos los pibes de La Candela (el centro de entrenamiento de Boca donde también vivían los jugadores de inferiores) y les compramos algo a nuestros familiares. Yo le compré un reloj”, dijo Ruggeri, que jugó su primer partido con Boca en 1980.
El Cabezón contó que su padre primero fue chofer de camión y luego se pudo comprar su propio auto y su casa, que es donde ahora vive su mamá en la localidad cordobesa de Corral de Bustos: “Una vez llegó con caramelos. Chasis y acoplado de caramelos. ¿Sabes las cajas que bajamos?”, rememoró Ruggeri.
“Mi papá llevaba piedra por las rutas a todos lados, al Chaco. Yo viví dos años en Roque Sáenz Peña. No me quedé ahí porque mi papá vino a trabajar para acá, y ahí aparecimos en Corral de Bustos”, detalló.
Sebastián Vignolo le preguntó a Ruggeri si su mamá se “bancaba” que el padre trabajara tanto. “Mi vieja, con los tres indios que éramos... pero, ¿cómo hacía? Tenía que trabajar”, explicó el exjugador de la Selección Argentina.
Finalmente, el conductor del programa le consultó al Cabezón si su padre “estaba afiliado a algún sindicato”. “¿Qué sindicato? No nos ayudó nadie. Lo que hizo, lo hizo mi viejo laburando”, concluyó enfático Ruggeri fiel a su estilo llano y sin vueltas.