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En la meseta se erigió una toma en "tierra de nadie"

Se ubica detrás de Nueva Esperanza, en Centenario.

Adriano Calalesina

adrianoc@lmneuquen.com.ar

Centenario.- Alexandra Bidable sueña con tener una cocina propia. Vive el minuto a minuto en su vida. Tiene 24 años, tres hijos y su vida transcurre, desde hace un mes, en una casilla de cuatro por cuatro, con piso de tierra y sin agua potable, en la toma Los Fresnos.

Los vecinos la ayudaron hace unos días a colgarse de la luz. Con seis grados bajo cero, a los que se llegó este invierno, tiene que pasar los días crudos como puede, a pesar de los riesgos. No tiene movilidad, tampoco cuenta con celular y, contra viento y marea, debe estar en pie todos los días.

“Ojalá alguien me pueda escuchar porque necesito cocinarles a los chicos y también tener agua; mi vecina no me deja conectarme a la manguera”, dice la joven, que tiene en brazos a su hijo de siete meses resfriado y a la intemperie.

Alexandra llegó desde Mendoza y estuvo también en una toma en el parque industrial, pero el destino y un entorno nada saludable la marginaron en la toma junto a sus hijos. Desde ese lugar, lleva sus días intentando levantar sus sueños, tan frágiles como su casilla de madera.

La toma Los Fresnos es un gran monstruo que crece bajo la mirada esquiva del Estado y la política. El sector está ubicado dentro del ejido de Centenario, pero en tierras provinciales y a pocos metros del límite con Neuquén capital.

Es una de esas zonas grises que empieza en una línea imaginaria hacia el norte neuquino, en las calles La Vid y El Sorgo, cerca de la autovía norte. Allí viven más de 500 familias, la mayoría no tiene domicilio real en ese sector, que es la nada misma desde lo legal.

En Los Frenos nadie tiene domicilio real en su vivienda. La mayoría figura en distintas partes de Neuquén capital o incluso en las provincias o países de origen. En la toma hay bolivianos, paraguayos y colombianos que se quieren radicar en la zona.

“Acá se pelean entre la Comisaría 5ta. y la 20 por quién viene por algún problema, pero nadie tiene nada, no hay nada para robar. Acá vienen algunos políticos, pero no tienen cara”, explica María Oviedo, la primera vecina que se asentó hace tres años en el lugar.

María quiere darle algo de dignidad al barrio, que cada día crece como puede. Dice que viven unas 800 familias porque el año pasado repartió un talonario casa por casa para ponerles un número a cada una de las viviendas precarias.

La mujer vive con su madre, que padece alzhéimer, y su hijo de 30 años, quien tiene un retraso madurativo. “No lo puedo dejar solo, pero a veces se va. Con mi mamá salimos, vamos a pasear, porque es difícil estar todo el día acá adentro”, explica María. El principal problema de la toma es el agua potable. La mujer cuenta que engancharse a la red trae problemas con la gente y que algunos creen que son “dueños del agua”.

Por otra parte, dice que un camión de riego reparte agua que no es potable y que discutir o tener de enemigos a algunos referentes barriales es como firmar una sentencia de no consumir nunca más agua. “Yo me peleé para poder engancharme”, acota.

Además, cuenta que entregó notas al Municipio de Centenario y que también que habló con otros referentes de Neuquén, pero nadie hasta ahora le ha dado una respuesta para empezar a legalizar el barrio y atender las demandas más urgentes. Por ahora, viven en el olvido.

800 familias viven en el sector de Los Fresnos.

La toma se inició a principios de 2014 y se consolidó el año pasado. La gente llegó desde otras provincias e incluso otros países. Están también los que no consiguieron viviendas en Neuquén capital y decidieron mudarse a este asentamiento, pese a la dificultad de la falta de servicios.

“Inversiones” desde Paraguay

Dentro de la toma hay construcciones grandes y galpones industriales. La mayoría son de familias paraguayas que se asentaron en la zona y saben de albañilería.

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