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Por Alejandro Olivera - olivera@lmneuquen.com.ar
Colonia Rural Nueva Esperanza, el sector más postergado de la ciudad, votó por primera vez en sus 32 años de vida en la escuela del barrio. En medio de un clima de júbilo y emoción, casi mil vecinos eligieron a sus candidatos a pasos de sus viviendas.
A media mañana, las calles están desoladas. Los pocos árboles que hay en la zona se agitan con la violencia del viento helado patagónico, la tierra de las calles se suspende por los aires y el frío cala en los huesos.
Alrededor del mediodía, un centenar de personas se acerca al SUM de la comisión vecinal para retirar un plato de comida que, para muchos, es lo único que van a comer en el día.
Así es la vida en Colonia Rural Nueva Esperanza, un lugar que se encuentra en medio de la provincia de Vaca Muerta pero donde no hay servicios y la presencia estatal es escasa (ver aparte). Es por eso que la celebración de las primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) del domingo en la Escuela N° 366, que fue inaugurada hace apenas cinco meses, se vivió como un hecho histórico.
Si bien no es la primera vez que votan en el barrio -en marzo eligieron gobernador en el salón de usos múltiples-, la ocasión anterior fue muy precaria y alejada de la realidad de los otros ciudadanos neuquinos.
Las lágrimas y las sonrisas fueron moneda corriente en el primer proceso electoral de la institución educativa. El presidente de la comisión vecinal, Ever Urrutia, contó a LM Neuquén que este momento se esperó tanto, que asistió mucha gente mayor con movilidad reducida. El mejor ejemplo fue doña María, una vecina histórica, que con su andador caminó varias cuadras de tierra para cumplir con su deber cívico.
En total, unas 900 personas radicadas en el barrio participaron de los comicios. “Es el 83% del padrón, supera la media. Esto refleja las ganas que tenían de aportar su granito de arena y ser escuchados como lo que son, vecinos de Nueva Esperanza”, sostuvo Urrutia. Y no es para menos.
Hasta el año pasado, la gente tenía que caminar varios kilómetros hasta Parque Industrial para depositar el sobre en las urnas. En el peor de los casos, se les designaba una escuela del oeste profundo y debían tomarse varios colectivos para llegar, lo que representaba un gasto excesivo, ya que la mayoría de los vecinos tiene ingresos realmente bajos porque trabaja de manera informal.
En Nueva Esperanza consideran que este avance es apenas el comienzo de una seguidilla de conquistas sociales que les permitirán adquirir más derechos y mejorar su calidad de vida.
Las últimas obras que se encararon en el barrio fueron la Escuela N° 366 y las canchas de fútbol de césped sintético.
El último viernes se firmó el convenio por el cual el gobierno de la provincia toma la posta de la construcción del jardín de infantes que Nación dejó sin terminar.
Aunque Nueva Esperanza se consolidó como barrio hace más de tres décadas, todavía no tiene los servicios básicos. “No tenemos agua potable, gas natural, cloaca, recolección de residuos, camión regador ni alumbrado público. Incluso, en la vecinal estamos colgados de la luz. Es una vergüenza”, sentenció Urrutia.
El vecinalista indicó que se reunió en más de una oportunidad con el presidente de la cooperativa de energía eléctrica, Carlos Ciapponi, para pedirle inversión en el barrio. “Se tiran la pelota entre la Muni, la Provincia y CALF. El tema es que, si yo debo plata, el que me viene a buscar es CALF, entonces tiene que hacerse responsable de las obras”, sostuvo.
Juanita, una vecina del barrio, contó que en 2002 hicieron una planta de energía eléctrica en el lugar. “En ese momento éramos 320 familias y la proyectaron para 360. En poco tiempo quedó obsoleta por la superpoblación”, comentó, y reforzó el pedido de obras.
A la endeble situación económica y social que atraviesan los vecinos, se debe sumar la poca presencia del Estado.
Solo hay una oficina del Centro de Promoción de la Familia, de Desarrollo Social de la Provincia, que no da abasto. “Los miércoles reparten los bonos de gas, pero no alcanzan para todos”, detalló Juanita.
En tanto, indicaron que los vecinos no pueden escriturar las tierras porque falta la mensura municipal, con lo cual tienen problemas para poner sus viviendas a su nombre, tal como debería ser.
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