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Sofía Sandoval
ssandoval@lmneuquen.com.ar
NEUQUÉN
El ruido de los caños de escape no les da tregua a los vecinos de Río Grande, que sostienen sus quejas por la falta de controles que convirtieron el final de la Avenida Olascoaga en una tierra de nadie. Desde el Municipio aseguraron que reforzarán las inspecciones conjuntas con la Policía para llevarles más tranquilidad.
Aún no llegó el verano pero las personas que habitan cerca del balneario Río Grande ya comenzaron a padecer una situación que los afecta cada temporada desde que se instalaron los boliches bailables en la zona. Ahora, con la apuesta que hizo el Municipio por el paseo costero, ese sector de la ciudad ganó aún más relevancia como punto de esparcimiento.
“El problema de los vecinos se da todo el año, pero se intensifica todavía más durante el verano”, remarcó Facundo Churrarín, director de Tránsito de la Municipalidad, quien aseguró que ya iniciaron reuniones con la Policía y la Prefectura para controlar la zona de los balnearios de cara a la llegada de la temporada alta para la velocidad y los ruidos molestos.
Si bien los afectados suelen llamar a la Policía al detectar estos inconvenientes, desde la Dirección de Tránsito de la fuerza aseguraron que el principal encargado de controlar ese sector es la Dirección de Tránsito de la Municipalidad, que recibe apoyo policial a partir de un acuerdo pactado entre las dos instituciones.
Más problemas
Para Churrarín, la queja de los vecinos no se centra sólo en el tránsito sino en un problema general de convivencia, que incluye el consumo de alcohol en la vía pública, peleas en la calle y el ruido molesto de los parlantes que los automovilistas instalan en los baúles de los coches. En ese contexto, aclaró que es alta la cantidad de motos que se secuestran por tener los caños de escapes liberados.
“La reglamentación vigente establece que los autos y motos deben circulan con las medidas de seguridad que traen de fábrica”, explicó el funcionario y agregó que los caños de escape no sólo sirven para evacuar gases, sino que cuentan con un catalizador para evitar la contaminación y silenciadores que atenúan los ruidos molestos del motor, que funciona a explosión.
Sin embargo, aclaró que son muchos los jóvenes que compran este tipo de caños de escape competitivos o que modifican los de fábrica de manera casera para generar estas explosiones.
En ese sentido, el funcionario sostuvo que es imposible controlar las ventas de quienes compran artículos para competir que luego usan para la circulación urbana.
En las reuniones que sostiene la Dirección con la Policía y Prefectura también se analiza la posibilidad de repetir la medida del año pasado, donde se prohibía el ingreso de motos en las últimas cuadras de la Avenida Olascoaga. Churrarín aclaró que la medida aún se está evaluando y reconoció que hubo quejas de los conductores que sí cumplen las normas y que no podían circulan por el lugar.
El director municipal admitió que es imposible que los inspectores estén las 24 horas en el lugar, pero aseguró que se ha intensificado su presencia durante los fines de semana, de 4 de la tarde a las 10 de la noche, en operativos que se suman a los controles de alcoholemia en los que se suele detectar muchos casos de conductores pasados de copas. En estos procedimientos se registra una importante cantidad de motos que carecen de documentación o de los elementos mínimos de seguridad.
Secuestros
Hay 900 vehículos que esperan turno en la compactadora
Si bien no existen números precisos de la cantidad de motos que cuentan con este tipo de caños de escape, el director de Tránsito de la Municipalidad, Facundo Churrarín, aseguró que en los predios de secuestro municipales hay cerca de 900 motos que esperan para ser compactadas luego de que sus dueños no iniciaran trámites ante los juzgados de Faltas.
A pesar de la gran cantidad de secuestros, el director aclaró que es “impresionante la cantidad de motos que hay circulando” y que generan ruidos molestos no sólo en el Río Grande sino en otros barrios.
“Cuando se les secuestra la moto por este problema, se les exige que antes de retirarlas cambien ese caño de escape por el original que tiene silenciador”, remarcó el funcionario pero admitió que nada garantiza que los usuarios retiren las motos y vuelvan a hacer el recambio.
Churrarín aseguró que tanto en el predio de calle Perito Moreno como en el de Intendente Carro hay una gran cantidad de motos en mal estado que fueron secuestradas, tanto por la falta de documentación como por la carencia de elementos de seguridad.
“En algunos casos incluso se da más de un problema en un solo vehículo”, apuntó el funcionario del municipio capitalino.
Además de la música, el alcohol y la suciedad, los vecinos de Río Grande deben convivir con una avenida que durante el verano se convierte en una pista de carreras para algunas personas que transitan por esa arteria a alta velocidad.
Alvarito Quintana, presidente de la comisión vecinal, mencionó que antes existían atenuadores de velocidad, que fueron retirados para permitir el paso de las ambulancias y que les dieron vía libre a las picadas.
Facundo Churrarín, director de Tránsito de la Municipalidad, explicó que la ordenanza municipal vigente establece un criterio para colocar los atenuadores de tránsito o lomos de burro. En ese sentido, explicó que en las calles principales o aquellas por las que transita el transporte público no está permitido instalar este tipo de elementos.
A su vez, detalló que la presencia por sí sola de los lomos de burro no logra torcer la actitud de los conductores. “En muchos casos, los mismos vecinos que nos piden los atenuadores luego piden que los retiren porque se les están rajando las casas”, remarcó y explicó que son muchos los que pasan a través estas ondulaciones de la calle a toda velocidad, como si fueran rampas, y eso termina por generar un perjuicio en las viviendas aledañas donde se sienten las vibraciones.
Para el funcionario, es necesario insistir en los controles y generar un cambio de hábitos en la población para que se respeten las normas de convivencia.