Los problemas cruzaron el charco cuando la pastera Botnia se afianzó en Uruguay, lo que trajo varios inconvenientes ecológicos y también hacia los habitantes de Entre Ríos, quienes se expresaron en reiteradas oportunidades cortando la frontera. No hubo solución positiva en ese entonces para nuestros compatriotas, y ahora se escribirá un capítulo más entre la tensión ya generada: tras 17 meses de arduas negociaciones, el gobierno oriental acordó con la empresa finlandesa UPM las construcción de otra gigantesca planta de celulosa, elemento base para fabricar papel.
Con lo pactado se creará una de las plantas de celulosa más grandes en el mundo a cargo de una única compañía, y que significará la mayor inversión privada en la historia de Uruguay, puede convertir a la nación vecina en la quinta exportadora mundial de este producto e incrementará en más de dos puntos porcentuales el Producto Interno Bruto (PIB). Asimismo, la planta tendrá una capacidad de producción que rondará los dos millones de toneladas de pasta celulosa, mientras que la inversión total por parte de la empresa rondará los 4000 millones de dólares, mientras que el Gobierno uruguayo aportará 1000 millones.
Varias entidades ambientales uruguayas están elevando críticas ante la instalación de esta nueva planta y se esperan réplicas desde nuestra tierra.