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Rodrigo Quezada es un neuquino, de 30 años, que fue ejemplo de honestidad. Dejó a un costado su propia necesidad, y entregó los 100 mil pesos que encontró en un vehículo que lavaba para un cliente. El dinero estaba allí, al alcance de su mano, debajo de la alfombra de la parte trasera del rodado. Nunca había visto tantos billetes juntos, ni cree que tenga la posibilidad de volver a ver esa suma en efectivo.
Pero los valores que mamó de chico en la casa de sus padres, en el barrio Villa Ceferino, echaron por tierra cualquier tentación. Rodrigo no pensó en todo lo que podría hacer con esa plata, todo lo que podría comprar y le hace falta. Fue empático con el otro y leal a sus propios principios.
"Lo primero que me vino a la cabeza fue entregar el dinero a su dueño. Mis viejos me enseñaron que tenía que trabajar para ganarme la vida. Así que dije 'se lo voy a devolver'. Y como digo siempre: hay que hacer una obra de bien en el día. Yo tuve la oportunidad y lo hice", expresó Rodrigo.
El barullo del colectivo en el que se trasladaba hacia su casa no lo dejaba hablar. Pero ni bien descendió de la unidad, habló con LMNeuquén para contar su experiencia. Todavía vive con sus padres y espera tener algún día la chance de acceder a un terreno para forjar el sueño de la casa propia.
Mientras tanto, y desde hace cuatro años, trabaja en el lavadero artesanal de Rubén Di' Salvo, ubicado en la calle J.J. Lastra 1.350, donde encontró los 100 mil pesos. Fue este miércoles, al mediodía. Limpiaba el jeep de un cliente, como parte de su rutina diaria. Pero no fue un vehículo más, ni un día como cualquier otro. La vida lo puso a prueba y él tuvo la oportunidad de demostrar y demostrarse a sí mismo lo que valía como ser humano.
"Nunca había visto tanto dinero, ni creo que lo vuelva a ver. Pero no me arrepiento para nada, estoy re contento. Mucha gente se me acercó y me dijo que lo que había hecho estaba bien", confesó Rodrigo.
Al encontrarse con los 100 mil pesos, fue a avisarle a Rubén, su empleador; y le llevó el dinero. "Mirá lo que había debajo de la alfombra (del jeep)", le dijo. Inmediatamente, el propietario del lavadero se comunicó por teléfono con el cliente. No logró establecer una comunicación, pero le dejó un mensaje. Luego, el automovilista lo llamó, pensando que habían tenido un problema con el vehículo. "¿No le falta nada?", le dijo Rubén. Su cliente no recordaba que debajo de la alfombra de su propio vehículo tenía ese dinero.
Rubén le pidió entonces que se acerque hasta el lavadero y le dé las gracias a Rodrigo por el gesto que tuvo de devolverle el dinero. "Es un pibe con necesidades, que vive el día a día, no le sobra y es muy loable lo que hizo", expresó Rubén.
Consideró que su accionar sirve de ejemplo para "mis hijos, tus hijos, la sociedad". Rodrigo no enseñó que "se puede vivir con honestidad. Y yo lo cuento porque las buenas acciones hay que destacarlas", cerró el propietario del lavadero.