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Es el gato de las dos vidas: murió y lo resucitaron

Su cuello se atascó en una puerta giratoria. Lo salvó un médico.

estambul.- El mito latino habla de siete vidas, aunque no hay, claro, ningún argumento científico. El mito sajón, más aún: nueve vidas. Lo cierto es que los gatos siempre caen parados y tienen tanta flexibilidad, tanta agilidad, que sobreviven a accidentes que la mayoría no. Este gatito de Estambul tiene para acreditar que, de sus siete vidas, ya se gastó una.

Estaba merodeando por la puerta de un hospital en la ciudad más populosa de Turquía cuando sintió la curiosidad de meterse a través de una puerta giratoria. Con tan poca suerte para el pobre felino que, justo en el momento en que se metió, alguien salía y, al girar, una de las puertas atrapó al animal contra el parante. Pero más que eso: lo apretó justo a la altura del cuello, generando un atasco tan fuerte que hacía difícil girar la puerta hacia un lado o hacia el otro, sin temer degollar al felino.

Pero no todo fue tan desgraciado para él, porque el hecho de haber metido el cuerpo en un hospital permitió que un médico -no un veterinario, un médico- le salvara la vida: la segunda vida, porque el gatito, cuando lo pudieron destrabar de la puerta, no respiraba, estaba muerto. El doctor le hizo unos masajes cardíacos que le devolvieron la vida. O, en este caso, le activaron la segunda.

Mitos: Para los latinos, el mito es que el gato tiene siete vidas. Para los sajones, nueve.

Cuando el clínico del servicio de emergencia del hospital, Akyurek Halil, llegó para ayudar, el gato no respiraba. Y así siguió unos minutos mientras otros médicos se acercaban para intentar reanimarlo. “El cuello del gato estaba totalmente atascado en la puerta y ahí empezó a tener problemas para respirar. Entonces, yo forcejeo un poco, pongo mi mano detrás de su cabeza, y logró hacerlo zafar”, relató Akyurek. Y continuó dando detalles: “Pero dejó de respirar, estaba muerto. Con la ayuda de otros colegas que pasaban por ahí empezamos a aplicarle masaje cardíaco de inmediato y el gato empezó a responder a los estímulos. Fue ahí que lo llevamos al servicio de emergencia y llamé a un amigo mío que es veterinario”.

En ese momento, el veterinario, vía telefónica, se encargó de dictarle paso a paso qué hacer, incluyendo darle al animal algunos medicamentos fundamentales para completar su reanimación. Fue tanta la química que Akyurek tuvo con el gato en ese momento cumbre, que lo adoptó y lo llamó Mucize (milagro, en turco). “Ahora es parte de mi vida”, cuenta el médico que le dio una vida más al gato.

“Dejó de respirar, estaba muerto. Con la ayuda de colegas que pasaban por ahí empezamos a aplicarle masaje cardíaco de inmediato y el gato empezó a responder a los estímulos”. Akyurek Halil. El médico clínico de emergencias que salvó al gatito

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