Neuquén > Jaime Torres es el charanguista más importante del folklore argentino. Con casi 75 años de edad, sigue viajando y tocando ese instrumento que aprendió desde pequeño. Estrenó la Misa Criolla con Ariel Ramírez, Los Fronterizos, Domingo Cura y el Coro de la Basílica del Socorro, en 1964. Viajó por el mundo con esta pieza representativa de nuestra cultura. Justamente, el hombrecito inmenso de un metro cincuenta llegará mañana a la ciudad para sumarse al maestro Naldo Labrín y a músicos y coreaustas locales, que a las 20.30 se presentarán con esa obra universal en los arcos romanos del Parque Central.
Torres, quien no ha pasado ni conoce de conservatorio porque “los paisanos del campo, los hombres anónimos”, le han enseñado todo lo que sabe, según lo manifestado por él mismo años atrás, visitará la provincia tras la invitación que le hizo Labrín. Ambos sostienen hace años una relación de amistad y admiración.
Horas antes de su visita, Torres, quien hoy tendrá su primer ensayo con la formación de más de 50 personas, ofreció una entrevista en el programa “Noche abierta”, que se emite por radio LU5. En esa entrevista, “Torres, el del charango”, como así le decían los técnicos londinenses en un recital en el Barbican Center en 2001, dio distintos aspectos de su carrera que hoy continúa desarrollando en cada rincón del país. Por supuesto, dejó su impresión sobre la Misa Criolla, a la que consideró “muy representativa”. “Es la fundamental de la música popular”.
Nunca ha parado las giras por el país. ¿Por dónde se ha presentando antes de su llegada a la zona?
Venimos de Mendoza, Rosario y seguimos preparando algunas presentaciones. Nos llaman de fiestas de pueblo generalmente. Allí es muy lindo porque la gente se junta, escucha, es muy cálida y respetuosa.
¿Se va a presentar en los próximos festivales folklóricos?
No. No voy a festivales, me gusta recorrer todo el país, estar en lugares más pequeños que en grandes ciudades. Yo no hago una “carrera artística”. Hace 68 años que hago esto. Recuerdo cuando empezamos con Ariel Ramírez a trabajar en esto. Luego, vino la Misa Criolla. Han pasado más de 50 años, no tengo idea de los festivales, no alcanzo a tenerla.
¿Qué opinión le merece, desde su observación, la difusión del folklore?
Creo que los festivales han perdido un poco el rumbo de lo que se quería hacer. Hay mucho ruido, demasiado. Dicen “vamos a pasar música” y allá van. Hay un público que valora algo más cercano, más íntimo. Hay muchos grupos que prefieren otra cosa. No sé. Yo quiero una fiesta como son las fiestas de los pueblos. Fiestas afines al espíritu de la gente de este país en las provincias, que no se dan en las ciudades. Donde está la gente que se conoce de siempre, que se encuentra con alegría.
¿Conversa con la gente del ambiente, con los jóvenes, sobre este asunto?
Hablaba de esto con esa niña fantástica, Soledad. Y sí, hay un reconocimiento de las diferencias, claro. Pero esto tiene que ver con que yo no hago práctica de carrera, no estoy pensando en una “carrera artística”. Hago lo que hice toda mi vida, yo salgo a tocar y toco. Se instaló el espíritu de una música de un instrumento.
El charango se instala con fuerza a partir de usted en el folklore, ¿lo reconoce así?
Hace 50 años, el charango lo hacían muy poco. Hoy hay muchos charangos en el mundo y por supuesto que en el país también. No soy jactancioso. Antes no había conocimiento de este instrumento. Quizás en Violeta Parra había un sonido de charango. Hubo un trabajo. Hoy cuando se escucha un grupo de rock y aparece un charango me suena lindo, es una maravilla. Por supuesto, en las formaciones de música folklórica hay varios.
¿Los jóvenes se acercan e interesan para que les muestre lo que hace?
Hubo avances en la tecnología que los jóvenes manejan muy bien. Pero hay quienes incorporaron instrumentos tradicionales, como que se empieza a volver a los instrumentos tradicionales en muchas formaciones.
¿Qué evolución ha tenido la música a partir del uso de instrumentos autóctonos?
En lo que hace a la música andina va más allá. Son instrumentos criollos que existieron, ya estaban y se interpretaban. Estoy convencido de que cuando se habla de 1810 y de las manifestaciones de algarabía se relacionaba con la danza. Jamás se escuchó hablar del charango de la zapoña, de la quena, pero ¡ya existían! La música, el arte en general, ha sido de esclarecimiento, de reivindicación de estos valores culturales. Del 12 de octubre se hablaba del “descubrimiento”. Recuerdo alguna maestra de mi escuela cuando era niño que me dijo: “Mire Torres, recuerde que el 12 de octubre fue cuando llegó la civilización a América”, ¡qué equivocada estaba esa maestra! Era un concepto, lo que venía de Europa, Francia, Inglaterra eso era asombroso. Los que hemos tenido suerte de transitar los espacios, donde transitaron nuestros mayores, vemos y sentimos otras cosas.
¿En qué punto está detenida la mirada sobre este concepto hoy?
Si uno viaja y recorre, ve en el Machu Picchu en Perú, Quilmes y tantos otros lugares lo que somos. Hay avances de la tecnología, como Tiahuanaco y otros. Hay grupos interesantes, he conversado con los chicos del grupo Arbolito y hacen una hermosa música; por ejemplo, conozco el Humahuaca Trío donde está mi hijo, que también trabajan muy bien. Los nombro porque seguramente hay muchos jóvenes que están en eso. Mi música tiene mucho que ver con todo esto. No estoy reñido con los festivales, hago lo que ustedes ya saben. Hay muchas cosas para ver y escuchar atentamente.
¿Cuál es su opinión sobre el arte independiente?
Es toda una evolución y, de pronto, cuando hay posturas políticas que cuentan la historia de una manera que no es la real, es la historia oficial. En estos momentos, como pocas veces, hay algo que es floreciente y es la unidad de América del Sur, ante hechos que son contundentes, precisos. Por ejemplo, tenemos que hablar de Venezuela, más allá de la información, conozco el país y su gente. Hay todo un compromiso de toda América del Sur, que es la unidad de los pueblos. El arte nunca estuvo distante a esto. Al contrario. Si hacemos memoria, la simple canción lo dice. Estoy totalmente convencido y lo pongo en práctica, y no lo subordino a la política y menos a las actuales. Yo creo que el arte debe desarrollarse con una independencia total, si está condicionado no es arte, no sirve. Creo que la gente va aprendiendo, va tomando conciencia de que es así, va madurando y aceptando las cosas como deben ser, en el arte al menos.
En este largo trayecto de cultivar la música del país, ¿qué evaluación hace en lo personal?
En lo personal, muchas veces me pregunto qué debo haber hecho para merecer el reconocimiento y el amor de la gente. Este simple hecho de hablar para la gente a través de un medio, con personas abocadas a la difusión de nuestra música que hay en muchos lugares del país, es una felicidad muy grande una satisfacción para mí.
¿Y cuál es la evaluación que hace sobre el camino de la música argentina?
Hablo con muchos jóvenes dentro del rock y hay tipos formidables, cuando recuerdo ese joven de 17 años que escribió ese tema "Barro tal vez" (Luis Alberto Spinetta), cuando esa generación escribió lo que escribió, ellos tenían un respeto muy grande por toda la música de otros géneros, conocían a Atahualpa, al Cuchi, a Dávalos. Mire, prefiero esto a gauchos que cantan boleros; aunque soy amante de los boleros, pero hay mucha confusión. No se puede ir para adelante sin mirar atrás, es imposible; por eso hay hombres que han marcado fuerte sus pasos como el Chango Farías Gómez, el Negro Saluzzi, el Chango Spasiuk, el Mono Izaurralde, con un origen que está ahí en lo que hacen.
Vuelve a Neuquén con la Misa Criolla. ¿Qué siente ante una obra tan cara a su historia?
Siento una inmensa alegría, satisfacción, con una obra con al que estuve en su nacimiento con Ariel (Ramírez) y que aún hoy recorre el mundo. Esto es así, siempre hay grupos, coros, músicos que la hacen. Es una obra muy representativa, es base fundamental de la música popular. Me deleito con todo esto, con encontrarme con amigos queridos, con la gente del lugar tan especial. Usted sabe que hay muchos artistas que llegan del exterior al país y se maravillan con el público de acá. Paco Ibáñez, cuando estuvo, quedó maravillado. Sólo por nombrar alguno. Se dan cuenta del bagaje cultural que hay. Yo tengo la suerte de vivir todo esto. Imagínese, a los casi 75 años me siguen invitando para tocar a la gente de mi país. Un deleite que agradezco mucho, porque es la vida que elegí.
Tantanakuy
Neuquén > Jaime Torres estuvo en varias oportunidades en la zona. Es el creador del Tantanakuy Infantil -que en quechua quiere decir “encuentro”- junto con músicos populares en Jujuy. Desde 1983 la reunión que congrega a niños y maestros en un encuentro de danza, copla y música, se repite en la Quebrada de Humahuaca.
Alejada de la impronta de los festivales producidos en gran escala que se han multiplicado en el territorio argentino, el Tantanakuy es una ceremonia más cercana al rito, con fuerte peso sobre lo autóctono, con la rusticidad de los instrumentos que se construyen en el lugar, con ceremonias simples de las familias ancestrales de la puna.
Jaime Torres es todo eso y mucho más. Por eso ya prepara sus valijas para el próximo encuentro para octubre del próximo año. Sabe que no puede faltar: hay una historia que no se detiene, porque es la historia del lugar mismo.