De hecho, un estudio elaborado en 1999 por la Universidad de Harvard, que analizó a 115.000 consumidores durante una década, concluyó que comer un huevo diario no incidiría en el aumento del colesterol en la sangre.
A menudo se piensa que el huevo es la principal fuente de grasa en el desayuno, cuando en realidad deberíamos preocuparnos más por las grasas saturadas.
Esta es la advertencia hecha por el sistema público de
salud (NHS) de Inglaterra, que recomienda reducir el consumo de alimentos como salchichas, jamones, manteca y aceite, que tienen un mayor efecto sobre la cantidad de colesterol en la sangre que los huevos. "Para aquellos que ya tengan altos niveles de colesterol en la sangre lo mejor es limitar el consumo de huevos entre dos y tres por semana", explica la dietista Margaret Brown de la Clínica Mayo, en Arizona, Estados Unidos.
¿La mejor forma de comerlos?
Los huevos escalfados o poché son el método más recomendado por los especialistas. Estos se cocinan sin cáscara al sumergirlos en agua muy caliente pero no hirviendo. El tiempo de cocción no debería exceder los cuatro minutos.
Los huevos tibios son la segunda alternativa aconsejada, porque de este modo la yema preserva la gran mayoría de sus nutrientes.
Freírlos o prepararlos revueltos es la última de las fórmulas recomendadas para ingerir huevos. ¿Por qué? Cuando el alimento entra en contacto con los fogones, las grasas naturales se oxidan, según explicó la experta en nutrición integrativa Rebecca Eisenmann. Además, cocinarlos en aceite aumenta el contenido de grasa un 50%.
Si no puedes evitar freírlos, porque así es como te gustan, la dietista Margaret Brown recomienda cocinarlos con una cantidad mínima de grasa añadida, con aceite de canola o vegetal en spray.
3 huevos por semana como máximo recomiendan para quienes tengan colesterol alto.